Contando a Miklós Bánffy

Dos elementos más bien anecdóticos me llamaron la atención durante la lectura de Los días contados, del húngaro Bánffy (Libros del Asteroide).

El primero está en la página 299 (y eso es medio libro, shit yourself little parrot). Leemos:

“Por un instante, la mirada de Adrienne pareció reflejar miedo. Pero después, levantó la barbilla y le ofreció sus labios a Bálint. Éste le dio un beso largo en la boca cerrada, abrazándola ligeramente, estrechando contra sí el cuerpo de la mujer.” [Traducción de Éva Cserháti y Antonio Manuel Fuentes Gaviño. Las negritas son mías, parafraseando a Mandingo.]

Ya de pequeño me fijaba en que en las películas de ahora (por decirlo vagamente) los amantes se besan con lengua. Como en la vida misma. Sin embargo, en las de antes los besos siempre son a boca cerrada. Vale que no entran moscas, pero el desarrollo de los mecanismos de besuqueo en el celuloide da que pensar. Y la frase de Bánffy también.

Del segundo no puedo poner la referencia porque no marqué la página, y cualquiera se pone a buscarla en un tocho como ése. No importa. La cosa iba así: en cierto diálogo, alguien mencionaba una cacería, quizá de perdices, en la cual, al parecer, uno de los participantes estuvo a punto de asesinar a otro de modo encubierto. Ya se sabe que las armas las carga el Diablo, no Godzilla, y que si un grupo de aristócratas alcoholizados se pasea por el monte con escopetas cargadas es muy fácil que algún heredero termine con el cerebro entre las setas.

Entonces pensé: “0-0, vaya mierda de partido… espera, si en El último encuentro, de Sándor Márai, novela posterior a Los días contados, uno de los protagonistas está a punto de liquidar accidentalmente a otro en una cacería, y Bánffy, por lo que sé, es una de las influencias literarias de Márai…”.

Exactamente ahí dejé de pensar.

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5 pensamientos en “Contando a Miklós Bánffy

  1. Es que antes no solo se besaban con la boca cerrada. ¡Se besaban, o mejor, posaban los labios en belfo y perilla, respectivamente! Ahora, aunque todavía se ven pacatos morreos (en Flecha Roja y así), da gusto ver cómo se enredan las lenguas en el cine y la televisión de hoy. (Las cursivas son mías, que diría…)

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