Cine navideño pata negra: Ninja Assassin

Da gusto ver que cierto cine de acción mantiene la tradición de estructurarse alrededor de un guión que podría haber escrito mi sobrina de 3 años. Ninja Assassin cumple las espectativas sin defraudar: acción inverosímil, diálogos imposibles y tal cantidad de sangre que uno se pregunta cómo no se descalabró nadie resbalando durante el rodaje. Lo único negativo es que las chicas sólo estén moderadamente buenas.

El planteamiento ya tiene su cosa: protagonista coreano cachas, guapo y atormentado que pasa por… ¿japonés? (o eso me pareció), acompañado de una policía negra de no sé qué departamento de la Europol o algo así, sito en Berlín (aquí los dos; él debería rodar anuncios de galletas Príncipe donde ella haría, justamente, de galleta). A él lo crió un tarado que arranca el corazón a la gente, pero que oficialmente y por lo que a Hacienda se refiere trabaja como profesor-gurú de un arte marcial chunguísimo en una escuela secretérrima localizada en lo alto de una montaña que está en algún lugar de Asia. Los guionistas (parece mentira pero han hecho falta dos cerebros para pergeñar esto) no se molestan en decir dónde porque Asia es un continente especialmente pequeño. Todos tranquilos.

Sin embargo, él renuncia a ese clan de ninjas porque, en el fondo, es muy buena persona y no quiere asesinar por encargo. Y como casi se lo cargan por traicionar a la “familia” en una escena memorable en el tejado de un rascacielos, de noche y mientras llueve a cántaros (todo muy original), jura venganza, especialmente contra dos sujetos: el profesor-gurú que recoge a huérfanos para entrenarlos y convertirlos en ninjas capaces de desaparecer a voluntad, y uno de sus antiguos compañeros, el que ejecutó a la única chica que había en el grupo de ninjas, incauta que intentó abandonar la escuela porque, no sabiendo nada de la liberación femenina, prefería jugar con la casita de la Señorita Pepis antes que destripar a desconocidos. A destacar que ella estaba tan loca por el protagonista que lo habría acompañado hasta el fin del mundo para montar un todo a cien, de no ser porque la mentada escuela ya estaba en el fin del mundo. Eso es un guión y lo demás son memeces.

Me guardo el final, un delirio que raya el desequilibrio mental, por si alguien decide pagar por verla. Tan solo añadiré que el mejor tuneado que he visto en mi vida es el del coche de la policía buenorra, que circula a toda mecha con las estrellas ninja clavadas por doquier. Se ve que la munición milenaria ninja no es perforante ni tiene núcleo de uranio empobrecido.

Dicho esto, servidor confiesa que incluso en filmes como éste uno puede ver detalles de altura que, precisamente por eso, están fuera de lugar en tales productos. Por ejemplo, el golpeteo rítmico de una plancha metálica contra el asfalto con cada vehículo que le pasa por encima, sonido que trae a la memoria del héroe el latido del corazón de su amiga ejecutada. Aquí me acordé de ese detallazo técnico que es la elipsis usada en Thai-Dragon (AKA Tom Yum Goong), cuando el macho y la hembra elefantes desaparecen en el bosque bajo la mirada del niño e, inmediatamente, aparece por el mismo sitio una cría de elefante que se pone a jugar con quien fuera el chavalín, que ya ha crecido para transformarse en Toni Jaa. ¿Para qué vas a liberar al p*to Willy cuando tienes un elefante en casa?

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2 pensamientos en “Cine navideño pata negra: Ninja Assassin

  1. jajaja, alucinante que te metas a ver esas pelis sin hijos que te pongan la pistola en la cabeza.
    No pensaba verla en ningún caso, pero gracias por avisar.

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