Los días contados, de Miklós Bánffy

La encomiable labor editorial de Luis Solano al frente de Libros del Asteroide lo ha llevado a publicar la primera parte de la “Trilogía transilvana” de Miklós Bánffy (1873-1950), muy conocido en su casa a las horas de comer, como decía mi abuela (normal: los comunistas prohibieron sus obras y en nuestro lado no se le hizo ni caso). Seguirán Las almas juzgadas y El reino dividido. En otras palabras: la caída del Imperio Austrohúngaro. Y es que no todos contraatacan.

Bánffy llegó a ocupar la cartera de no sé qué ministerio, y parte de la gracia de la novela radica en su aproximación totalmente realista a los entresijos de la política austrohúngara, especialmente durante los primeros años del siglo XX, tiempo en que transcurre la acción. Mencionaré además que sacaba 27 años a Sándor Márai y 18 a Lajos Zilahy. Después de haber leído a los tres, parece evidente que la pasión literaria de estos dos por las sagas familiares húngaras tiene una raíz clara en Bánffy, maestro a la hora de narrar la hungaridad, por llamarla así, a través de las descripciones costumbristas de unas elites culturales y económicas que tienen, precisamente, los días contados. La Primera Guerra Mundial llama a la puerta y barrerá con todo, Imperio incluido, de modo que los supervivientes de las aristocracias defenestradas, sin tener aún a la vista la llegada del comunismo que terminaría sembrando la tierra de sal, acabarán sumidos en la invisibilidad que suplicaba Ian McKellen en Gods and Monsters. Hungría, la patria de Liszt según las fronteras de la época (hoy es Austria), convertida en uno de los núcleos del porno europeo actual. Vivir para ver.

Traducción, en algunos aspectos mejorable, de Éva Cserháti y Antonio Manuel Fuentes Gaviño, y prólogo correctísimo de Mercedes Monmany. Se recomienda leerlo como epílogo.

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4 pensamientos en “Los días contados, de Miklós Bánffy

  1. Hablas de “la encomiable labor editorial” del editor y desmereces la traducción. ¿En qué te basas? ¿Sabes húngaro? ¿Has cotejado página por página la traducción con el original? ¿Dónde está tu rigor? ¿Y tú dices que eres traductor? Pero si en cuanto puedes arremetes contra la profesión. Hombra, va… Un poquito más de seriedad.

  2. A menos que viva en Matrix, soy traductor. No como tú, que no tienes ni idea de los mecanismos. Verás: a partir de cierto punto, cuánto húngaro sepan es lo de menos. Lo que importa es cuánto español saben. Que la traducción sea “en algunos aspectos mejorable” (ésas son mis palabras literales) no quiere decir que sea “mala” (¿acaso aparece esa palabra?). Quiere decir, por ejemplo, que se usa repetidamente mal el adverbio ‘ahora’ en multitud de proposiciones. El texto se encalla y no fluye. Así de fácil. No tiene misterio. Lee más y lo entenderás. O no.

    Por cierto, la seriedad consiste en no callarse lo que no sale del todo bien por más que el responsable sea de tu gremio. Lo contrario se llama ‘mafia’ y ‘falta de transparencia’.

  3. Lo que haces es contribuir a esa crítica simplista y tan poco científica que se ha hecho toda la vida de la traducción: “mala”, “mejorable”, lo mismo da. Con una palabra se solventa la papeleta. Por supuesto que hay que conocer la lengua del original para juzgar cabalmente una traducción, ¿qué te habías pensado, hombre? Ahora pones algunos ejemplos (eso es, de eso se trata, vas entendiendo), discutibles por otra parte: ¿no fluye la traducción? Quizá lo que no fluya sea el original, ¿nunca te has parado a pensarlo? Ah, claro, es que das por sentado que el original es mejor, eso sí, aunque no sepas húngaro.

  4. Si el original fluye o no es la eterna pregunta que sólo unos pocos iluminados como tú están capacitados para contestar. Pero recuerda: el lector español no paga 30€ para leer un texto que a ratos no fluye.

    No te molestes en volver a visitar este blog. Aburres. Huelga decir que te meteré en la lista de spam a la que asomes la cabeza de nuevo.

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