Memorias de Ática

No de África, por más que el centro de Atenas parezca Mogadiscio, sobre todo cuando a yonquis y camellos se añade una huelga del servicio de recogida de basuras (foto, y aun me quedé corto). Hablando de yonquis y camellos, en cuatro días me ofrecieron y pidieron droga varias veces, sin contar a un tipo con pinta de albanés cocainómano que se me acercó riendo mientras sostenía un vaso de plástico que acababa de recoger del suelo. Aún me pregunto qué me dijo. Y es que hablaba, lo juro.

Antes de salir de Barcelona, mi preocupación principal era el hotel, no el área. Me equivoqué de cabo a rabo (perdón). El centro de Atenas es mucho peor que el extrarradio de Salónica, y ya es decir. De hecho, hay griegos que ni siquiera se acercan a la Zona Cero, que es la Plaza Omonia (significa ‘concordia’, pero no sé de quién ni con qué; será una broma).

El único problema del hotel, más allá de su ubicación, era que la conexión a internet funcionaba de pena. No le doy importancia a que el recepcionista de las mañanas fuera sospechosamente simpático y amanerado conmigo. Sólo le faltó invitarme a cenar. Para simpática, la joven del frankfurt que había cerca del hotel: estábamos solos en el local e insistió en que probara de su mano (mediante cuchara, se entiende) dos tipos de hortalizas que tenía por ahí, por si acaso picaban. Creo que es la primera vez, desde que camino, que una mujer me mete una cuchara en la boca. Y es que ya quedó claro en Matrix: no hay cuchara.

El domingo comí en casa de una amiga con su familia y novio. Luego me llevó al campo de fútbol del Panathinaikós a ver el partido contra el Atrómitos, que hizo honor a su nombre por más que terminara perdiendo. Uno no tiene tiempo de pisar la Acrópolis porque otras amigas se lo llevan de farra a Glyfada, la zona pija de Atenas, y luego se despierta a las 11h, pero del fútbol no se escapa. Y más cuando hay arcadas diseñadas por Calatrava. No obstante, nos marchamos del estadio cuando el partido se suspendió durante media hora. Grupos de anarquistas se estaban enfrentando a la policía en los alrededores y el gas lacrimógeno llegó al campo, haciendo que se nos enrojecieran los ojos a todos y que los jugadores no pudieran continuar el partido por un rato. Terminamos pateando el extrarradio de la ciudad. No sé cómo me lo hago, pero todos mis viajes son literal y agónicamente inolvidables.

El lunes almorcé con los hijos de los escritores Ánguelos Terzakis y Kostas Kyriazís. Todo en orden, como no podría ser de otro modo. La foto es un desastre porque a la camarera le temblaba el pulso por motivos inexplicables. Y es la mejor de las tres que sacó.

Hablemos ahora de las infraestructuras, que siempre da un toque serio a la cosa. El metro te conecta con el aeropuerto pagando un sobreprecio, como en Madrid. Es muy moderno mas con contención. Es decir, sin que tenga rayos láser ni hologramas fashion, atesora un aire retro delicioso. Está limpio y contrasta con lo repugnante que es gran parte de la ciudad cuando te pones a recorrerla. Además, por el mismo precio exhiben restos arqueológicos, de modo que si no vas a ningún museo porque las griegas te obligan a beber, siempre te queda hacer turismo en el metro.

Siguiendo con el aeropuerto, cuando se quieren lucir ponen a Hatzidakis de hilo musical. Normal. En Praga ponen a Dvořák. Me da que en España no están para poner a Albéniz, Falla o Granados. Mientras no nos hagan pasar por el aro con Ana Belén y Víctor Manuel, nos podemos dar con un canto en los dientes.

Como hace un año que un policía se cargó no sé cómo a no sé quién, y cualquier ocasión es buena para liarla, centenares de antisistema volvieron a bloquear la ciudad, asaltando también la Universidad de Atenas (no sé por qué, dado que no guarda relación con la policía), abriéndole la cabeza al rector, quien terminó en cuidados intensivos, y dando un paso que aún no había visto: quemar la bandera griega, un tabú en un país radicalmente nacionalista donde las banderas se venden incluso en los quioscos a pie de calle, como se ve en este vídeo. A destacar que los perros abandonados (aquí en una boca de metro) se vuelven locos cuando hay castañas entre antisistema y policía. Es descojonante. Como todo en Grecia. Ven y vívela. Nunca lo olvidarás. (Entrada casi patrocinada por el Ministerio de Cultura.)

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10 pensamientos en “Memorias de Ática

  1. Nunca olvidaré d emi viaje a Atenas los cientos de perros abandonados. Los hay de todos los tamaños y lo que es peor,muchos parecen fieros, en especial en el extrarradio.

    Por cierto la camarera, ¿Sería nonagenaria?

  2. No, la camarera era más joven que yo.

    Y aunque no hayas olvidado a los perros, ellos ya te han dejado atrás. Son todos así, por más que digan del mejor amigo del hombre.

  3. Abusando de tu amabilidad:

    dos preguntas que te quiero hacer.

    –¿los griegos respetan las colas? De gente, se entiende,

    –¿Asia empieza en Atenas como dijo Borges? O sea ¿huele mucho a especia?

    Cuando fui a ver el Santo Sepulcro, allá en Jerusalén, los únicos que se intentaron colar eran griegos.

  4. Me gustó mucho Atenas, pero me pareció menos “europea” que Lisboa, por ejemplo (Me niego a compararla con Roma, París o Londres, que sería abusar de los griegos). Como no he salido de Europa no podría decir si parece Asia, aunque no me extrañaría que Estambul se pareciese bastante a Atenas.

  5. Entre tu crónica y la de una amigas, empiezo a creer que lo mejor de Atenas es cuando te vas a los puertos para zarpar hacia las islas o cuando te piras a cualquier otra ciudad con menos pinta de Sarajevo en llamas. Cuando no es por los yonquis es por el calor infernal que hace a partir de junio, y cuando no por lo fea que es la ciudad. Menos mal que dicen que los griegos son hospitalarios y amables, y que se come bien. Algo es algo.

    PD 01: Por cierto, me contaron que estos muchachos son bastante machistas. ¿Es cierto?

    PD 02: Increíble lo de ver banderas griegas ardiendo.

  6. Strelnikov, los griegos, como dice mi amigo griego neurólogo, están fisiológicamente incapacitados para hacer cola. No saben mantener una línea recta. Es así, no hay más.

    Y casi que sí, que Asia comienza en Atenas.

    Rubén, sí que son machistas, pero a ellas ya les va bien. Es uno de mis problemas con las griegas: se me exige la aceptación de un papel que no quiero asumir.

  7. Fuiste a Atenas y no me trajiste nada, ni un misero subenir de la Syntagma Square Entonces me cuentas las miserias como disculpa. Eres un canalla.

  8. ¿Quien se sienta frente a ti? ¿Terzakis o Vazquez-Rial? ¿Solo la camarera estaba emocionada, conmovida, ebria? ¡Q verguenza! ¿Asi dejas a Catalunya cuando vas al extranjero?

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