El prólogo como epílogo

Hablando acerca de no sé qué con un amigo, se me adelantó en lo que le iba a confesar: si el prólogo de un libro es largo, lo leo al final. Es decir, lo tomo como epílogo. Prefiero entrar a todo trapo, extraer mis conclusiones y confrontar a la postre con lo que el prologuista haya aseverado.

De ahí que me hiciera gracia encontrar estas palabras de Lérmontov en el prólogo a su propia novela Un héroe de nuestro tiempo:

“El prólogo es, a un tiempo, lo primero y lo último de todo libro. Tiende a explicar el objetivo de la obra, o bien a justificarla y a responder a la crítica. Pero el propósito moral y las diatribas periodísticas suelen tener sin cuidado a los lectores. De ahí que no lean los prólogos.” [Página 27, traducción de Luis Abollado Vargas]

El texto continúa con una brillantez destacable, pero quien quiera más, ya sabe qué debe hacer. Editorial Nórdica y 16,5€.

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2 pensamientos en “El prólogo como epílogo

  1. En la mayoría de libros que tienen prólogo, este suele ser largo y no suelo leerlo. En cuanto al epílogo: ¿opina que debe ser largo o más bien cortito?
    Un saludo

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