El solterón, de Adalbert Stifter

Segunda novela de Adalbert Stifter que publica Impedimenta tras El sendero en el bosque, y ligera caída de nivel. Con todo, es digna de estar en las recomendaciones literarias.

Stifter repite tema, en cierto sentido. El solterón como figura arquetípica sufrirá un cambio interior a través del descubrimiento de sí, vagamente relacionado con el bosque como entidad metafísica, y el asunto terminará en boda. Cómo no. De todos modos, la obra es casi tan deliciosa como la anterior, e igualmente breve.

El traductor, muy bueno, continúa siendo Carlos d’Ors Führer. Me pregunto por qué traduce algunos nombres propios (Augusto, Teobaldo, Gregorio…), ya que dudo mucho que estén así en el texto alemán. Hay alguna cosa más, pero eso nos pasa a todos. Por ejemplo, “a través de los barrotes podía divisarse un cielo azul pálido” (páginas 96-97) peca del uso excesivo de ‘poder’ como auxiliar; en español, lo mejor es ” …se divisaba…”. Y en la 37 hay un pleonasmo simpático: “aquí y allá crecían flores por doquier“. Tampoco pasa nada.

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