Recuerdos del futuro, de Robert J. Sawyer

Ciertos bloggers que me sé estarán de acuerdo en que, con este careto digno de La revancha de los novatos, Robert J. Sawyer (Ottawa, 1960) recibió tal cantidad de collejas a la hora del patio que terminó refugiándose en la ciencia ficción para evadirse de la realidad escolar.

Pero dejemos las burradas impropias de blogs serios y respetados como éste y vayamos al grano. Sawyer publicó Flashforward en 1999 y ganó el Premio Aurora a la Mejor Obra Larga en Inglés (cosas de los premios canadienses). La historia tiene su miga: en el año 2009, un experimento en el colisionador de hadrones de la frontera franco-suiza sale mal y toda la humanidad sufre un salto mental en el tiempo durante casi dos minutos. El resultado es que cada uno ve qué será de su vida 21 años después, en el 2030. Algunos no ven nada porque estarán muertos (hala, a tocar madera).

Esta articulación de la trama alrededor del acelerador del CERN (o de uno similar) ya la había visto en otra novela publicada por La Factoría de Ideas, a saber, Odisea, de Jack McDevitt. Tiene su gracia si se hace bien, y Sawyer pasa el examen. La novela gana poco a poco, y no exagero si afirmo que en ciertos parágrafos se roza la sensación de extrañamiento constante y magistralmente presente en Solaris o The Forever War, por más que tal hazaña momentánea (y no por eso poco meritoria) no tape los defectos estructurales que mencionaré mañana.

La traducción al español se debería revisar. Y de la serie televisiva no puedo decir nada porque no la veo. Todo llegará.

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2 pensamientos en “Recuerdos del futuro, de Robert J. Sawyer

  1. A mí no me disgustó, pero lo vi demasiado pedestre y frío a veces. La idea original es muy buena, pero luego es todo muy campbelliano: científicos rajando, relaciones personales bastate estereotipadas, lo de que el mundo acceda a repetir el experimento por las buenas es de traca y luego la escena final de ciencia ficción pura y dura para contentar a los que les va ese rollo me chirrió un poco.

    Se deja leer, eso sí. He leído por ahí críticas de su Paralaje Neanderthal y a eso sí que no creo que me acerque ni de coña.

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