El suicidio de las universidades españolas

Ya he hablado alguna que otra vez, más bien por motivos inauditos, del desastre universitario español, fiel reflejo de un sistema educativo que hace aguas. Ahora, superado ya el doctorado, voy a mencionar dos hechos que marean y que reflejan, una vez más, el repugnante estado de cosas.

Primero, en la Universidad de Barcelona (UB) y en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) no se les ha ocurrido nada mejor que cambiar las condiciones para que un doctor forme parte del tribunal que examinará a un doctorando. Hasta hace un año, la única exigencia para estar en un tribunal era ser doctor. Pero ahora, cerrando más el círculo endogámico universitario, es necesario cumplir también al menos una de cuatro condiciones. Ya no tengo el texto, pero las cuatro se referían, básicamente, a que sólo pueden examinar a doctorandos los doctores que formen parte de grupos de investigación universitarios, generalmente subvencionados. Esto suena muy bien, pero en realidad es una gilipollez como una catedral. Un ejemplo inventado pero perfectamente posible: un Premio Nobel de Literatura que fuera, casualmente, doctor en Filología Italiana por la Universidad de Milán no podría formar parte de un tribunal de tesis de la Facultad de Filología Italiana de la UB a menos que estuviera enchufado en algún grupo de investigación donde, sencillamente, se le exigiría que escribiera un artículo al año acerca de lo primero que le pasara por la cabeza. O si lo preferís, un ejemplo real: el escritor argentino Horacio Vázquez-Rial, uno de los mejores narradores vivos en lengua española, y Doctor en Historia por la UB, no podría formar parte de un tribunal que examinara una tesis acerca de su especialidad (Historia de Argentina) porque es un escritor autónomo que no pertenece a ningún grupo de investigación de la Senorita Pepis.

Segundo, se ve que en la Universidad de Lérida se aburren tanto que hoy, 28 de octubre de 2009, no tienen suficiente con darle el Doctorado Honoris Causa a un reputado pneumólogo estadounidense como Richard W. Light sino que tienen que dárselo, al mismo tiempo, a la cantautora mallorquina Maria del Mar Bonet. Al margen de que dicha señora sea insoportable, cualquier persona con un mínimo de sentido de lo que es (o debería ser) una universidad verá que aquí algo falla. Ya puestos, ¿por qué no el Honoris Causa, al mismo tiempo, a un prestigioso astrofísico y a Michael Jackson? (Es un decir, ya sé que está muerto.) Y para redondearlo todo, en la página del comunicado dedican tres veces más espacio a la Bonet que al doctor en medicina.

Sic transeunt universitates mundi.

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8 pensamientos en “El suicidio de las universidades españolas

  1. Con todos mis respetos, Maria del Mar Bonet és una gran desconocida conocida por el público español. Yace aquí esta ignorancia. Ella ha hecho por unir lazos con las diferentes zonas y culturas de la Mediterrània lo que núnca nadie ha hecho por esto. Ella ha mantenido viva las poesias de autores catalanes, isleños, mallorquines, valencianos, gallegos, … Ella ha llevado por todo el mundo, con mucho más éxito incluso que en la propia Cataluña, la lengua catalana, la cultura catalana. Ella ha sido el máximo exponente. Éste artículo me parece tan inpresentable, que se deberia tener un poco de respeto hacea personas que han renunciado a mucho por defender sus principios.

  2. Hahaha! I a què ha renunciat la Bonet? El que s’ha dit: Honoris Causa Post Mortem a en Michael Jackson.

    Si li volen regalar un doctorat a un defensor de la llengua catalana que se’l mereixi, tenen l’Albert Sánchez Piñol. Tanmateix, potser el problema sigui que el cognom és “Sánchez” i, oi més, “Piñol” està castellanitzat.

  3. Yo también soy Doctor en Filología, ¿y qué? Además, el tema no merece un debate tan serio. Fijaos que incluso los dinosaurios, animales tan excepcionales, han desaparecido de la faz de le tierra.

  4. Lo que cuentas en la entrada de los okupas me recuerda a mi segundo año en la universidad, en pleno éxtasis de las protestas contra la LOE. Como la reunión semanal para debatir qué hacer coincidía con una clase de física, los alumnos tomaron por costumbre que esa era la “hora de la huelga”. Llegaron al punto de ausentarse cuando estas reuniones cesaron.

    Para colmo, ese día estaba esperando con el profesor fuera del aula. Como en la hora anterior se daba otra clase, no me extrañaba que nadie saliera. Me preguntó:

    -¿Están dando clase?
    -Sí, de matemáticas.

    Mosqueado, abrió la puerta, y gritó enfadado que no había nadie. La sorpresa fue de las que no se olvidan.

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