¿Por qué uno y no otro?

Esta entrada no es una crítica a Stieg Larsson, cuyas obras de la trilogía Millennium no he leído. Todos mis respetos, sobre todo cuando un amigo especialista en novela negra, Horacio Vázquez-Rial, afirma tanto en un artículo como en privado que es muy bueno. Así, voy a centrarme en otro tipo de fenómeno: el de la invasión de los ultracuerpos.

Lo llamo así porque, vaya donde vaya, todo el mundo sostiene un libro de Larsson: en el metro, en la universidad, en una cafetería, etc. Están por todas partes y no se puede escapar. Y quienes lo leen se convierten estusiastamente a una nueva fe que, en verdad, durará dos telediarios. Es decir, hasta que los libros pasen de las manos a las estanterías.

A pesar de que gran parte de los autores vivos o recientemente fallecidos que se publican no valen ni el papel en que se han impreso, es indudable que también hay libros buenos, muy buenos e inclusive magistrales. Por tanto, pensando en el asno de Buridán, que muere de inanición porque tiene dos montones de heno a la misma distancia y no sabe por cuál decidirse, uno se pregunta: ¿Por qué todo el mundo, aun aquél que no ha leído novela negra en su vida, compra de súbito y tan masivamente la misma trilogía? ¿Por qué Larsson y no Fred Vargas o Massimo Carlotto?

Es obvio que la clave está en la distribución. Destino (Larsson en español) y Columna (en catalán) son pesos pesados que suelen estar presentes no ya en las mesas de novedades sino en las estanterías de destacados, al alcance de cualquiera. No hay que preguntar a ningún empleado de la Casa del Libro o la FNAC “dónde están los de Larsson” porque los ves desde treinta metros.

Sin embargo, se producen al mismo tiempo dos fenómenos psicológicos que llevan a la compra masiva de un mismo libro: primero, el fetichismo del volumen, algo que ya traté; segundo, cierta oscilación impulsiva que va del aislamiento al mainstreaming: se pasa, con una facilidad pasmosa, de leer un libro desconocido (en el peor de los casos por elitismo intelectual forzado e insano) a leer eso que lee todo el mundo, sólo para no quedarse descolgado en las conversaciones de cafetería. Lo mismo sucede con el cine.

La conclusión, más allá de que la virtud, regulada por la prudencia, sea un término medio entre dos extremos igualmente perjudiciales, es que cada uno lea y vea lo que quiera pero sin engañarse ni engañar a los demás con argumentos falaces. Y es que leer algo porque no lo lee nadie es tan absurdo como leerlo porque todo el mundo lo hace.

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14 pensamientos en “¿Por qué uno y no otro?

  1. No he leído a Larsson, vi la mala película, pero no cuenta, la novela puede ser buena. Lo que está claro es que a las féminas (especialmente) les pone un tomo grueso. Como haya continuación más.

    Pero me parece bien, que lean eso y me dejen tranquila a Fred Vargas (la mejor en el género con Rankin) que luego me la popularizan y yo como JRJ, “a la minoría siempre”.

  2. Bueno, es básico de psicología social. Nos guste o no lo de “Vicente va donde va la gente” es una verdad como un templo. Yo con Internet lo tengo más que comprobado: lo fácil que es caer en el pensamiento grupal y estereotipado, pero siempre manteniendo la ilusión de originalidad y de independencia.

    Si yo tuviera capacidad económica y ganas de cachondeo, haría lo que hizo David Bowie con unos colegas, que pintaron unos cuadros y luego se inventaron a un pintor muerto y todo un movimiento artístico y los críticos entraron a la querencia como si nada. Yo encargaría una novela malísima a un negro, y luego la publicitaría a lo salvaje, promoción brutal, y a ver lo que pasa.

  3. Para los culés Larsson es un futbolista sueco que fue decisivo en la final de la segunda Copa de Europa ganada por el Barça.

  4. No recuerdo que hubiera una gran campaña de marketing, al menos inicialmente. Creo que la montaron cuando vieron sorprendidos que la cosa tiraba. Como Dan Brown al principio, salvando las distancias de calidad literaria.

    Por cierto, Larsson acaba de anunciar que se retira a los 38. Podrá protagonizar La momia V (no sé por cuál van).

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