“Traducción y derechos”, por Davidoffberlin (firma invitada)

Davidoffberlin es traductor de inglés e italiano, y responsable del blog Malapartiana. Aprovechando que esta semana he hablado de asuntos relacionados con las traducciones de traducciones (es decir, de editoriales que por motivos inconfesables no publican traducciones directas), publico un artículo suyo para rematar la cuestión.

TRADUCCIÓN Y DERECHOS, por Davidoffberlin

Hablemos de las traducciones de Stieg Larsson. Empiezo donde lo dejó el profesor Ricard Ripoll en su blog Palimpsests. Ripoll se indigna porque, dice, sólo el primer libro de la serie Millennium en catalán parte del original sueco (los otros dos están vertidos del francés) y porque al lector catalán se le hace creer, tanto en la página de créditos como en la base de datos del ISBN, que las tres obras están traducidas del sueco. Por su parte, el crítico catalán Joan Josep Isern afirma en su blog que también el primer volumen parte del texto francés.

Ahondemos en el asunto. ¿Quién traduce? La traducción del primer Millennium la firma Alexandre Gombau, traductor, según el ISBN, de inglés, francés y castellano. Millennium II lo firma Albert Vilardell, pseudónimo de Antoni Dalmau i Ribalta, quien sólo traduce del castellano y el francés. Millennium III es obra de Pau Joan Hernàndez, que según el ISBN y su propia página trabaja a partir del castellano, el euskera, el francés y el gallego.

Deliberadamente me he callado dos datos para reflexión: Gombau también tradujo L’home que es va esfumar, de los suecos Maj Sjöwall y Per Wahlöö; y Hernàndez, La mort en una nit d’estiu i Una mort a l’aparador, del noruego Kjell Ola Dahl, supuestamente vertidas del noruego la primera y del inglés la segunda. Curiosamente, las tres novelas las edita Columna.  ¿La reflexión? Columna, como afirma Ripoll, facilita datos inciertos a sus lectores y al ISBN con los libros de Larsson, y es posible que lo haya hecho también con Sjöwall, Wahlöö y Dahl, pues sus títulos son los únicos títulos que distorsionan en la trayectoria de ambos traductores. Esto, además, confirmaría la tesis de Isern de que también Gombau trabajó a partir de la versión francesa. ¿Estamos, pues, ante una práctica sistemática de la editorial? En tal supuesto, ¿dónde queda la credibilidad de un sello tan merecedor de respeto por otros motivos?

En un artículo publicado en ABC en 1999, Valentín García Yebra defendió los llamados “derechos morales del traductor”: “Del mismo modo que sería ilegítimo publicar un libro sin el nombre de su autor, es injusto publicar una obra traducida sin mencionar el nombre del traductor. Y también los lectores tienen derecho a saber quién les ha hecho posible la comprensión de un original que no habrían podido leer si alguien no lo hubiera traducido”. En nuestro caso, quienes posibilitan la lectura de Larsson no sólo son los traductores catalanes, sino también Lena Grumbach y Marc de Gouvenain, los traductores franceses. Silenciar su nombre es una violación de sus derechos morales y un insulto a la inteligencia del lector.

Otra vuelta de tuerca: en el marco legal vigente, todo traductor posee derechos de autoría sobre la obra traducida. Se supone que Columna adquirió los derechos de explotación del original sueco, pero la obra explotada (en todos los sentidos) es en realidad la francesa, que tiene tres “autores”, dos de los cuales ven atropellada su labor. ¿Estamos ante un caso de fraude? ¿Concurren aquí derechos morales y derechos jurídicos?

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7 pensamientos en ““Traducción y derechos”, por Davidoffberlin (firma invitada)

  1. Pues yo diría que sí a todo. Es una falta de respeto hacia el lector, al que se le priva de un dato importante, aunque dudo que seamos muchos los que nos molestamos en mirar la página donde pone el título original y el nombre del traductor. Además si ya a veces puede tener uno dudas de si lo que está leyendo suena mal por culpa del traductor y no del autor original, si hay un doble filtro con más razón. Obviamente en el caso de una doble traducción el paso intermedio queda en el limbo, y el traductor no ve reconocidos sus derechos morales.

    Lo que sí que me maravilla es que las ediciones del sueco se hagan al catalán desde el francés u otro idioma. Si es por cuestión temporal, y salen esas traducciones bastante antes que la española, se entiende que se pase al catalán desde ellas, pero si no supongo que mediará un poco cierto prejuicio nacionalista o que, simplemente, se acepta el magisterio de una edición extranjera sobre la propia. Hablando en plata: si hay una traducción al español, y otra a otra lengua importante, seguro que la de fuera es mejor. Y aun así, considerando que el español y el catalán son lenguas tan próximas, y se haría por alguien casi perfectamente bilingüe, la traducción sería facilísima.

    Por lo menos de español a gallego sería muy fácil, y más con la norma existente desde 1971, completamente castellanizada en el léxico y la sintaxis. Respecto a algunos autores en gallego que ven su obra editada en español, también se ha puesto en duda si a veces si ellos mismos se molestan en hacer la versión en español, con lo que es lógico que no aparezca el nombre del traductor, aunque no estaría de más que se indicase que el mismo autor se ha “interpretado” a sí mismo, y en otras ocasiones por lo visto ha habido un traductor fantasma que ha hecho la mayor parte del trabajo y luego el autor original ha hecho la pulida final. Por lo menos a mí la impresión que se quiere dar en los libros de Manuel Rivas o de Suso de Toro es que el libro no es una traducción, sino que se intenta que cuele como escrito directamente en español, lo que no dice nada bueno ni de los autores ni del lector español. Si queréis un dato malvado, hace unos diez años me molesté en mirar los préstamos de una novela de Manuel Rivas que se puso como lectura en un curso de instituto, y tenía bastantes más préstamos la versión en español que la de gallego.

    No sé quién hizo las traducciones de las de Harry Potter al gallego, y aunque me imagino que se habrán hecho directamente del inglés me ha picado la curiosidad. También de paso miraré la que hay de El Señor de los Anillos.

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  3. Cuando era pequeño, leí un libro llamado Los hijos del vidriero, de una autora sueca llamada Maria Gripe, publicado en la colección El barco de vapor. La contraportada aclaraba que era una traducción de la versión inglesa, realizada por una tal Julia D. Arnau.
    Por lo tanto, ni siquiera es que traten a los lectores como a niños, sino como a imbéciles.

  4. En las cartas al director de “El Periódico” o “La Vanguardia” (no lo recuerdo muy bien) una mujer se quejaba de las traducciones de Millennium al catalán. En las cuales veía errores graves que no correspondían a una traducción directa del sueco.

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