Tres cuentos de Pere Calders

Después de reseñar Ruleta rusa y otros cuentos, de Pere Calders (Anagrama), me centraré en tres relatos que me han provocado un viaje mental asociativo.

El primero es “Cosas de la providencia”. Un tipo se presenta en su propia casa para descubrir, atónito, que allí vive una familia desde hace años. Que se ha producido algo así como un salto a otra existencia paralela queda manifiesto cuando el padre de familia le confiesa que lo mismo le sucedió a él, y que así conoció a su mujer. Huelga decir que el protagonista se casa con la hija de los supuestos okupas, tal como hizo el padre de la joven a la sazón. Dicho relato me recuerda al episodio “Person or Persons Unknown” de The Twilight Zone, donde un tío se despierta resacoso en su casa. Ni su mujer, ni sus amigos, ni sus compañeros de trabajo lo reconocen. Su vida no existe. La gracia está en que se desvanece, incapaz de asimilar esa nueva realidad, y al despertarse está casado con otra señora infinitamente más atractiva que su mujer en la otra existencia. Así cualquiera.

El segundo es “Cero a Malthus”. En un futuro distópico, los gobiernos eliminan a los ancianos porque los japoneses tuvieron la mala pata de inventar el suero de la inmortalidad. Y claro, sobra personal. Hay un relato de Richard Matheson que trata más o menos de lo mismo (está en un volumen de La Factoría de Ideas). La vuelta de tuerca de Calders radica en que se hace una referencia al posible uso de los cadáveres como alimento, y uno no puede dejar de pensar en la película Soylent Green, muy libremente basada en una novela de Harry Harrison.

El tercero es “La rebelión de los objetos”. Los objetos se rebelan contra sus creadores: los interruptores dejan de funcionar, las puertas se niegan a dejar pasar, etc. Me han venido tres historias a la mente: 1. Ubik, de Philip K. Dick, donde una puerta electrónica muy borde no deja pasar ni al inquilino del piso a menos que apoquine; 2. “A Thing about Machines”, un capítulo de The Twilight Zone donde las máquinas se sublevan contra el propietario de la casa; 3. Westworld, con Yul Brynner, modelo de comportamiento para todos los calvos, titulada aquí Almas de metal. Los robots de un parque de atracciones cobran conciencia de sí mismos y se enfadan un pelín.

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7 pensamientos en “Tres cuentos de Pere Calders

  1. A quien le guste Calders sin duda le gustarán también los libros de cuentos de Eduard Màrquez (“Zugzwang” i “L’eloqüència del franctirador”, ambos en Quaderns Crema), transformaciones y situaciones imposibles, aunque, a diferencia de Calders, con un componente más de inquietud que de humor. Su primera novela (“Cinc nits de febrer”, trauducida como “Cinco noches de febrero” en Alianza) es también más que recomendable.

  2. El cuento del que llega a su casa y se encuentra con que es otra es buenísimo. Ahora al leer tu reseña me ha venido también a la mente una cosa que cuenta Cesare Zavattini creo que en este libro, y es que un amigo suyo le cuenta que él a veces hace una broma que califica de muy graciosa y es llamar a la puerta de su casa y cuando sale su mujer a abrirle pregunta por sí mismo, y tal. Entonces sigue contando Zavattini que él decide gastarle la broma a su familia, y llama a la puerta y le abre su mujer, y cuando él pregunta por Cesare empieza a asustarse y luego le da mucha pena y al final acaban todos llorando, con los niños y todo. Es sobrecogedor.

  3. Joder, es buenísimo, y podría haberlo escrito Calders sin problemas. Pero no lo he leído en la página que Augustbecker ha referido. Lo he copiado y pegado en el Word, donde tengo activada la opción de fondo azul y texto blanco. Los ojos apenas se cansan.

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