Revisando literariamente In the Mouth of Madness

El otro día volví a ver In the Mouth of Madness, peliculón de John Carpenter que en España se tituló En la boca del miedo y, según la Wikipedia, también Al borde de la locura (este título más bien parece de una película de Antena 3 el domingo por la tarde).

Si olvidamos que la música inicial es un tanto desafortunada, la cinta se erige en una obra maestra del terror y del desasosiego. Una verdadera pieza del mal rollo discretamente oculta bajo un disfraz de cine de horror de estar por casa. Gran parte de la crítica no lo entendió así, por supuesto.

No sólo el título está basado en la novela de H.P. Lovecraft At the Mountains of Madness, sino que encontramos referencias continuas al de Providence y su obra en los detalles más nimios. Es obvio que el escritor superventas que coprotagoniza la película (el actor alemán Jürgen Prochnow) está creado a imagen y semejanza de Lovecraft, y sus novelas, de títulos lovecraftianos, tratan de dioses monstruosos que intentan volver a nuestro mundo para dominarlo, tal como hicieran a la sazón. La vuelta de tuerca está en que el detective coprotagonista de la película, encarnado por el actor Sam Neill, desconoce que no es una persona real sino una creación vital de ese escritor, de modo que los que leen las novelas y luego lo ven a él por la calle tienen la facultad de “ver”, de confirmar que la realidad es una copia de la ficción (quizá por eso sangren por los ojos). Las novelas del escritor inspirado en Lovecraft se convierten en un disangelio que anuncia el cambio de rumbo en la Historia de la Salvación hacia la Historia de la Perdición. Que dicho evangelio invertido se manifieste en forma de bestseller no deja de tener su gracia en los tiempos de bazofia pseudoliteraria que soportamos. Como dice el editor del libro (festival de Charlton Heston) sin saber lo que en realidad está haciendo, quien no lea el libro verá la película. Nadie se escapará de la mala nueva. Cuantos más libros se vendan, más seguidores vean la película y más incautos se conviertan a la nueva fe, antes llegará el Apocalipsis.

Uno de los mayores logros de Carpenter consiste en plasmar la transfiguración de la naturaleza humana cuando el Mal se apodera de ella. Los niños de la ciudad que Carpenter inventa tomando como modelo las Innsmouth o Arkham de Lovecraft, transformados en caníbales, ponen los pelos de punta, igual que el perro que va perdiendo paulatinamente partes del cuerpo (se insinúa que terminan en el estómago de los críos). Pero el espanto verdaderamente magistral es el cuadro en la recepción del hotel. Los dos enamorados que pasean por la margen del lago se tornan, poco a poco, en abominaciones que reptan por el suelo.

Quedan para la historia de los préstamos literarios dos referencias. La primera a un relato de John Ramsey Campbell cuyo título he olvidado: los viejos dioses curvan el espacio, de modo que el joven en bicicleta nunca conseguirá alcanzar su destino, ni Sam Neill escapar de la ciudad (en este caso, momentáneamente). La segunda a Soy leyenda, de Richard Matheson, muy al final, cuando Neill explica al psiquiatra, mientras el caos se apodera de la Tierra, que la nueva raza convertirá a los humanos en la sombra de un pasado inexistente, un mito para distraer a sus niños.

Sic transeunt homines mundi… et novi Dii adveniunt.

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5 pensamientos en “Revisando literariamente In the Mouth of Madness

  1. La música que compone Carpenter a veces va bien y otras parece el trabajo de un aficionado. Además, pelín irresponsable en ese aspecto. En los audiocomentarios de Vampiros contaba tan alegre que algunos riffs de guitarra eran obra de su hijo… de catorce años y eso no es serio, hombre.

    En la boca del miedo, maravillosa.

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