El accidentado regreso de Sam Raimi

Después de limitarse a dirigir consecutivamente las tres partes de Spiderman, Raimi ha vuelto a lo suyo con Drag me to Hell (Arrástrame al infierno). No es que las tres del arácnido no sean buenas (sobre todo las dos primeras), sino que su terreno es más bien el gore artesanal de The Evil Dead y similares. Aunque tampoco tantas, dado que no ha dirigido mucho. Dieciséis películas en treinta años, sin ir más lejos, como la notable The Gift, que pasó desapercibida. Cabe decir que mejor ir a este ritmo y afinando el tiro que hacer más pero metiendo la pata.

Con todo, hay algo que ha causado cierto estupor tanto entre los aficionados al género como en la blogosfera anglosajona dedicada al cine. Parece ser que Raimi no ha dicho nada de la similitud sospechosa entre Drag me to Hell y un clásico del terror de antaño, Night of the Demon, filmada en 1957 y basada en un relato de M.R. James. Los recuerdos que guardo de esa película son suficientes para hacerme creer que Raimi, por los motivos que sean, no ha querido reconocer públicamente no ya una deuda (eso se reconoce si se quiere) sino una idea fusilada y plasmada en un guión demasiado parecido. Por favor, es que Drag me to Hell incluso termina en una estación de tren, como la original en blanco y negro.

No es verosímil que Raimi no haya visto esa película. Un tío cómo él ha visto todo lo que hay que ver a cierto nivel y en el género del cual es especialista. En mi opinión, aquí se ha equivocado. Estas cosas se dicen y luego tenemos la fiesta en paz. De otro modo, quedas mal.

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