Fetichismo del volumen

No me refiero a señoras de delantera generosa ni a Mandingo. Hablo de libros.

La semana pasada cené con Hernán Migoya, el autor de las compilaciones de relatos Todas putas y Putas es poco, así como especialista en cómics. Hernán sacó a colación un asunto que llevaba dándome vueltas por la cabeza mucho tiempo: el volumen.

Y es que el libro de bolsillo continúa siendo un producto más bien anglosajón. Cuando subo al metro de Barcelona o Madrid, veo que los pasajeros leen, sin escrúpulo alguno, novelas de 700 páginas en formato de tapa dura o tapa blanda grande. ¿Libro de bolsillo, más barato y manejable para leer en el transporte público? No. Jamás. Tochos de más de 20€, siempre; y cuanto más voluminosos, mejor. La incomodidad no importa.

Esto da para mucho, y motivos no faltan. Habrá quien sólo lea un libro al mismo tiempo (y me parece muy bien) y por eso deba llevárselo a pasear, cueste lo que cueste. Habrá quien no haya caído en la cuenta de que los formatos de los libros son como los tipos de ropa: bañador en la playa y vestido correcto en una boda, luego tapa dura en casa y libro de bolsillo en el metro. Habrá asimismo quien ni siquiera repare en ello porque no le dé importancia. No obstante, formularé la hipótesis que Migoya y yo creemos válida para la mayoría de los casos: hay cierto gusto por el exhibicionismo literario, un placer indefinido por mostrar que uno lee, que servidor es culto y que dicha cultura se percibe manifiestamente en tres dimensiones. Es como tunearse el coche: cuanto más llames la atención, mejor.

Por otro lado, no negaré que es un buen substituto del gimnasio. Cargar cotidianamente libros de 1kg del trabajo a casa y de casa al trabajo fortalece las extremidades superiores. No bromeo. Casi que en los Juegos Olímpicos podría substituirse el Levantamiento de peso por el Levantamiento de bodrio. Ya sabemos qué libros se usarían.

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9 pensamientos en “Fetichismo del volumen

  1. Estoy de acuerdo. El problema es que exhibir un libro de Ildefonso Falcones (ayer lo vi cargado por una compañera de clase) no dice nada —o peor aun, nada bueno— de tu “cultura”.

  2. Hoy un colega de distribución me ha pasado una nota en la que te presentas como Frank. Lo flipo, con este inglés de tercero de BUP…
    Por cierto, es “leaving for Peralada”, no “to”.

  3. Cuando juzgar el contenido no te resulta asequible, una de las pocas formas que tienes de evaluar los libros que te compras es la relación peso/precio.Al fin y al cabo, todos los best-seller se mueven en una banda de precios muy similar, así que una manera sencilla de decidir cuál comprarte es el “burro grande”.

  4. Cito a Jiménez Lozano en un gran artículo “los queridos libros del verano”:

    Maquiavelo escribía a su amigo Vettori que, cuando dejaba el trabajo en su jardín, no sólo se cambiaba de ropa, sino que se ponía aquella con la que en su oficio de Secretario de la Señoría visitaba a los grandes, para ponerse a leer a los antiguos.

    Más profusamente toca el tema Steiner en su libro “pasión intacta” en el primer capítulo “el lector infrecuente”.

    ¿Libros de bolsillo? Ok, cuando no hay más remedio.

  5. Tres, ¿te pagan más por hacer el subnormal o cobras los 900€ al mes que pagan los explotadores de Planeta a quien lleva 20 años en plantilla? Por no decir que has perdido toda credibilidad al violar la primera regla de comportamiento en un blog: mencionar el nombre real de un blogger (no te preocupes por tu analfabetismo enciclopédico, todo el mundo sabe que me llamo Francesc, mientras que aún no sabemos cómo te llamas tú). Menuda panda de abrazafarolas estáis hechos. Vergüenza debería daros. Si trabajas para éste, ya sabes qué puedes hacer:

  6. “Smiles in heaven”

    Es bien raro leer el castellano sin acentos. “Thanks God English has no accents, such an easy idiom!”

    Me voy de vuelta a las tierras de Erasmo aunque a la capital que no a Rotterdam. Me gusta Amsterdam, habrá que esperar un poco más para disfrutar de los mares del sur (de España).

    Feliz verano y no aprecio que es el mejor desprecio…

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