Conversaciones fuera de la catedral

Nada, que no sabía cómo titular la entrada y me dio por parafrasear a Vargas Llosa.

La primera conversación digna de este blog la escuchó mi amigo informático que se ocupa de los bits y bytes del Proyecto Seléucida. La tercera edad andaluza, vía IMSERSO, estaba de charla turística en Barcelona. Tal era el diálogo entre dos señores:

“Los árabes trajeron el progreso a España y desde entonces apenas ha cambiado nada.”

“La vida es así. Cuando mandan los griegos trabajan los fenicios, y cuando mandan los fenicios trabajan los griegos.”

La segunda la protagonizó él mismo al osar digirle la palabra a un guardia urbano que, impertérrito, circulaba con su amoto por la acera:

“Oiga, a mí me multaron por hacer lo que usted está haciendo.”

La respuesta del funcionario fue:

“Vete a la mierda.”

La tercera corresponde a un servidor. Un Mosso d’Esquadra (miembro de la policía autonómica catalana) me detuvo en una de las rotondas que hay dentro del garaje del aeropuerto de Barcelona. Yo conducía el coche de mi hermano por motivos que ahora no vienen al caso, y ya me pareció raro que los mossos estuvieran con los antibalas y el fusil dentro del garaje. Traduzco del catalán:

“¿Adónde va?”

“A la T2C a buscar a mi hermano que llega de Ibiza.”

“Ya. ¿Y usted a qué se dedica?”

“Soy traductor de griego moderno.”

Sonríe para sí, como decía Hegel, y pregunta:

“Tendrá mucho trabajo, ¿eh? No hay muchos traductores de esa lengua.”

“Es cierto que somos pocos, pero no tengo mucho trabajo porque los editores no se interesan por la literatura griega moderna.”

“Muy bien. Siga.”

Entonces me pareció que su compañera, una mossa d’esquadra guapa, rubia y excitantemente armada hasta los dientes, le decía:

“¿Qué? ¿Ya estás ligando otra vez?”

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