Acerca de El desafío. Una historia de amor en alta mar, de Manuel Maristany

No contento con dejar la literatura española a la altura del betún con la ilegible La enfermera de Brunete, Manuel Maristany regresa amenazando a la humanidad con El desafío. Una historia de amor en alta mar. El título es ése, no me lo invento. Espero que Conrad no resucite porque volverá a morir de inmediato.

Este nuevo horror, que deja en pañales al de Dunwich (broma a cargo de Lovecraft), viene precedido de unas palabras sinceras del autor. Para avanzarse a posibles críticas, nos explica que el libro está plagado de errores que no habría cometido si tuviera la más mínima idea de navegación marina. Que Planeta no haya puesto a un especialista a corregirlos es normal. Cada euro que se ahorren vale su peso en oro, y más en libros que ni siquiera deberían existir. Sin embargo, según Maristany eso es circunstancial porque lo que importa de verdad es la trama y la calidad literaria. Dicho esto, convendrá indagar en la mencionada trama, dado que la calidad literaria se representa en este caso mediante un conjunto vacío.

Así pues, el asunto del libro es el siguiente: una joven “atolondrada” de buena familia (= que no ha dado un palo al agua en su p*ta vida) vivirá inesperadas y peligrosas peripecias a bordo de un barco que, en principio, tendría que seguir la costa española de modo tranquilo y placentero. De por medio el capitán, hombre casado que despierta pasiones. Huy…

Que el libro provoque arcadas no es una noticia. Tampoco lo es que Maristany no se haya exiliado voluntariamente a Plutón después de publicarlo. Ni que una lectora haya escrito en la página del libro en la Casa del Ídem que:

“El título da muchas pistas de lo que os vais a encontrar en el interior. Yo sólo os confirmo que merece la pena. De nuevo, este autor me ha cautivado.”

Cautivos del mal, que titularon por aquí esa película con Kirk Douglas. En fin…

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13 pensamientos en “Acerca de El desafío. Una historia de amor en alta mar, de Manuel Maristany

  1. Todo buen marino sabe quer llevar mujeres a bordo da mal fario… No tiene nada que ver con el libro pero es que siendo del mismo autor de la Enefermera del ojete, perdón, de Brunete, no sé si merece la pena quebrarse más la cabeza…Por cierto, si lo cuentas sobre los errores en temas de navegación es cierto, me quedo de piedra. ¿Y las faltas de ortografía etc también son circunstanciales? Pegunto…joder, cada vez es más chollo esto de ser escritor…

  2. Los comentarios que hace la gente en Casa de Libro son tremendos.Mira sino este referido a “En el camino”de Jack Kerouac.
    “El libro tiene un registro narrativo basado en la alternancia de sus enseres mas comunes como podrian ser la utopía platonica o la utopia de tomas moro, grandes pensadores de toda la historia. No imaginaba que Kerouack podria escribir asi ya k sus libros anteriores dejan bastante que desear, no solo por su entrelazamiento de secuencias, sino tambien por su mala distribucion de la documentacion historica anteriormente citada. Quiza nos encontremos ante un endemol de los libros, una obra imprescindible en nuestra biblioteca. El que lea este libro y le guste le aconsejo Los Girasoles Ciegos.”
    Si quieres te paso el link que no me lo invento.

  3. No sé para qué leo este blog, a cada dos por tres: un “escritor” a tomar por saco. O quizá lo leo por eso, para no invertir mal los valiosos euros que valen los libros. Gracias por avisar.

  4. Al respecto, dice Cyril Connolly en Enemigos de la promesa:

    “Un experto debería ser capaz de decir cómo es una alfombra examinando una sola de las madejas usadas para tejerla, o una cosecha enjuagándose la boca con una copa de vino. Si lo aplicamos a la prosa, este método tiene una ventaja: un pasaje separado de su contexto queda aislado del resto del libro y no puede depender de la buena voluntad que el autor ha establecido directamente con el lector. Este aspecto es importante, pues en todos los libros que han sido best-sellers y luego han fracasado existe esa pericia comercial.

    El autor ha embaucado al lector conquistando su voluntad al comienzo y estableciendo así una atmósfera favorable para hacerle aceptar su producto inferior: falsos sentimientos, mala escritura o situaciones irreales. Escribir un best-seller es plantearse un problema de seducción. Esa clase de libro es un timo. Dan al lector un cigarro, una copa de coñac y le piden que ponga los pies en alto y escuche. Entonces el autor le cuenta el relato. La atmósfera más favorable es una butaca en la platea de un teatro.

    (…) Un gran escritor crea un mundo propio y sus lectores se enorgullecen de vivir en él. Un escritor inferior podrá atraerles un momento determinado, la que lo obtiene con menos mérito es la obra teatral ordinaria”.

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