La mar nunca está sola, de Robert Saladrigas

Saladrigas (Barcelona, 1940) publicó esta novela originalmente en catalán bajo el título La mar no està mai sola, y poco después Flavia Company la tradujo para Alfaguara. Monólogo interior, o exterior, de un escritor noruego a punto de morir de una enfermedad que se adivina como SIDA a los cinco minutos, por más que el autor nunca llegue a explicitar esa palabra.

Obra introspectiva, formalmente perfecta en su género aunque patine en algunos puntos (se perdona en un trabajo de trescientas páginas), me ha recordado a El silencio de Goethe, de Antonio Priante (Cahoba), o a Tynset, de Wolfgang Hildesheimer (El Olivo Azul). La vida que se escapa por el retrete debido a un desliz (el protagonista moribundo no pertenece a ningún grupo de riesgo de contagio), la consiguiente rememoración del pasado remoto bajo forma de un pretérito imperfecto, las caras y las voces que nunca volverá a oír y las risas cuyos ecos se apagarán en el hospital al mismo tiempo que su conciencia extinta. No es fácil hilvanar monólogos coherentes. Personalmente creo que sólo hay algo más difícil en narrativa, y es pergeñar diálogos creíbles. Saladrigas pasa y con nota.

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Un pensamiento en “La mar nunca está sola, de Robert Saladrigas

  1. Sigo observando con la estupefacción debida que, en este blog literario, las entradas más literariamente serias no generan ningún comentario.

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