Entrevista a tres traductores

Gracias a un contacto en Facebook he leído esta entrevista publicada en El País: “Los traductores levantan la voz”. Me ha llamado la atención que alguien espere que los lectores protesten por la calidad de las traducciones. Centrándonos sólo en España, donde el 50% de la población no lee (cifras objetivas, no me las invento) y la mayoría de los que lo hacen leen literatura de aeropuerto, tal espera es de ciencia ficción. El lector medio español, es decir, aquél que entre Philip Roth y Almudena Grandes elige a la segunda, no está capacitado para discernir si una traducción es buena, regular o mala porque, para empezar, no distingue siquiera si un texto original en español está bien escrito.

Y lo mismo digo de mi otro idioma. El equivalente a Zafón en catalán es un sujeto llamado Martí Gironell, responsable de un superventas literalmente ilegible en su lengua original: El Pont dels Jueus. Creo que lo publicó Columna inicialmente y luego El Andén bajo el título El Puente de los Judíos. En castellano se lee mejor porque el traductor le puso ganas para mejorar el texto. A algunos no les pagan suficiente…

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8 pensamientos en “Entrevista a tres traductores

  1. Comentaba yo el otro día con uno de mis antiguos profesores que menos mal que Lázaro Carreter ya ha rendido su alma al Altísimo, porque si no seguro que se volvía a morir del disgusto. Ya sentía vértigo el señor por cómo las “innovaciones” espurias del idioma se extendían como el fuego por medio de la televisión, así que al ver lo que está ocurriendo ahora, le daba algo sin duda. Él estaba particularmente horrorizado de cómo una mala traducción de un título de película, El día después (The day after) en vez de Al día siguiente, se había instalado tranquilamente en el idioma, pero si ve cómo ahora la gente suelta sin inmutarse lo de “Es mi punto”, o cómo se traduce sistemáticamente “to” como “a”, esté bien o no, es que no quiero ni imaginar lo que diría.

  2. El traductor (yo creo que para bien) no es un ente autónomo: su trabajo es parte de una cadena de producción. Lo lamentable es que el proceso de producción del libro en general va de mal en peor, con dos agravantes: a) quienes dirigen el negocio no tienen ningún interés en el libro como tal, y b) quienes deberían velar por el bien de la edición renuncian, ya sea por incuria o por cansancio. Un ejemplo: ¿cuántos de quienes han estudiado letras han tenido profesores que recomienden no una lectura, si no una edición determinada de tal lectura? ¿Cuántos reseñistas comentan y cotejan la oferta simultánea de diferentes ediciones o traducciones del mismo texto?

  3. Yo es que he llegado a un punto que prefiero leer traducciones al inglés que al español, y me sienta como un tiro, es una mezcla de remordimiento por fatuo, por traidor, por estarme perdiendo inevitablemente la mitad.. y aun así, es que no hay manera. Cojones.

    Eso sí, leer zafonadas en otros idiomas no tiene precio.

  4. Hay otro fenómeno que me parece curioso: el de las traducciones de los años 70 y 80 hechas por gente que con el tiempo se han convertido en traductores de prestigio y hasta escritores solventes; tengo por casa traducciones absolutamente ilegibles de Marcelo Cohen, Mariano Antolín Rato y de un tal Ignacio Vidal (¿Folch?).

  5. Lo de ámbo-los dous lo he oído también en gallego, pero no sé si en esa lengua se considera correcto. Por lo que he mirado por ahí en portugués parece que se acepta porque Camoes una vez escribió “ambos os dois”, y claro, argumento de autoridad.

  6. Qué haríamos en este mundo sin los argumentos de autoridad…

    Por cierto, también se dice en griego moderno. Y me chirría incluso a mí, que soy extranjero.

  7. Y yo te devuelvo la visita y también te dejo un comentario 😉

    No me voy sin decir que sí: que el lector medio español no es capaz de distinguir un buen texto (ya sea traducido, ya escrito en español como lengua original) ni a tiros.

    Saludos.

    S. Cid

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