Revistas científicas y similares

Es innegable que las revistas científicas, de cualquier rama, han hecho su trabajo. Lo que planteo en esta entrada es si les queda algo que hacer. No ya por la galleta que se metió Social Text con el célebre asunto Sokal-Bricmont sino por la aparición de los blogs.

Yo mismo no compro revistas literarias en papel. Prefiero buscar en los blogs, algunos de confianza, y luego filtrar la información. Por eso me pregunto qué hace alguien que trabaje en el campo de la astrofísica, por ejemplo. ¿Continuaría siendo de provecho suscribirse a según qué revista de renombre si los principales astrofísicos plasmaran los resultados de sus investigaciones en blogs personales o institucionales? Lo pongo en condicional porque no sé si dichos científicos suelen tener blogs. No obstante, no me extrañaría que los tuvieran, y que la respuesta a la pregunta anterior fuera “no”. Los mecanismos de control como la peer review (arbitraje, revisión por iguales o pares) han fallado más de una vez por motivos obvios: nadie es perfecto, y las pasiones y los prejuicios fluyen sin parar también en el ámbito científico. Eso no significa que el arbitraje sea innecesario. Estoy cuestionando que el arbitraje se use exclusivamente cuando se va a imprimir en papel.

Volviendo a la utilidad actual de las revistas, citaré un caso que me toca de cerca. Uno de mis mejores amigos es un neurólogo griego, trilingüe y de formación universitaria internacional. En su casa no hay una sola revista científica. Todo lo que le interesa lo lee en internet o en su libro electrónico comprado por catálogo. Lo tomo como paradigma personal y tiendo a pensar que, para esas ramas del conocimiento humano, las cosas irán por ahí.

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12 pensamientos en “Revistas científicas y similares

  1. No voy a entrar en si siguen siendo necesarias para el avance de las distintas disciplinas, pero lo que me parece evidente es que mientras siga viva esa especie llamada “homo academicus” (dícese del especímen cuya máxima preocupación en la vida es medrar en la carrera universitaria a base de hinchar el apartado de publicaciones del currículum a toda costa), las revistas científicas (en fin, vamos a llamarlas así) tienen futuro porque tienen un pedigrí (el del ISSN, supongo) que no tienen los blogs. Ya digo que no entro a sopesar el valor real de cada medio. En su libro “Los mercaderes en el templo de la literatura” el profesor Gullón comenta una anécdota que me parece significativa: tras un congreso, el señor Gullón vuelve en tren a casa con las actas del año anterior, varios volúmenes con contribuciones de desigual o dudoso valor, cargadas en el portamaletas de encima del asiento; en una de ésas, el tren da una sacudida y la bolsa con los tochos cae al suelo; por dos centímetros no le parte la crisma. Moraleja: ¿valía la pena morir bajo el peso de 1.500 páginas de banalidades?

  2. Considero que las revistas tendrán que seguir existiendo, pero no en papel.
    Ante un allazgo importante, quien leerá el bloq de un desconocido? pondremon en GOOGLE: “últimos descubrimientos”?
    Las revistas, universidades, plataformas… han de tener su ventana a la red en la que publicar lo que hacen, dejan de hacer y donde quieren ir a parar.
    Los bloqs personales sólo los podran mantener los profesionales con un curriculum en sus espaldas, un mindundi (cómo podría ser yo) quien lo va a tomar en serio?

    Internet es como un desierto en el que hay que buscar los oasis. Y las aventuras, las justas.

  3. Tengo la sensación de que los blogs avanzan también en ese campo. Sin embargo, el papel de sustituto (o, quizás, el de complemento) electrónico de las revistas científicas en papel lo han jugado, desde hace ya muchos años, las listas de distribución por correo electrónico, mucho más dinámicas y que ofrecen grandes posibilidades de discusión y colaboración. A pesar de ellas, ahí siguen las revistas en papel, sobre todo porque una buena parte han sabido dar “el salto a Internet” y han complementado su soporte clásico con una buena presencia online. Y no desde hace poco: en 1998 pude conocer de primera mano todo lo que estaba haciendo Elsevier al respecto, que era mucho, y no tengo ninguna duda de que eran conscientes de la necesidad de adaptarse al nuevo entorno.

  4. No, David, no valía la pena. Y menos en un tren. En el Hindukush ya sería más poético, pero cualquiera se lleva los tomos acullá.

    Mutawakil, si mi amigo tuviera ese tipo de revistas en casa, su mujer le giraría la cara.

  5. Cierto, si Kindle y compañía tienen que perder la batalla en alguna parte, seguro que será en el retrete…

  6. Oportunidad de negocio: fundas de plástico desechables para llevarse el kindle a la letrina. Por cierto, Seleucus, te habrá gustado ver el nuevo modelo grande, ¿no?

    P. D. – Que levanten la mano aquellos a quienes se les haya caído alguna vez el puntero de la PDA a la taza del water 😉

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