In Memoriam: Manuel Balasch Recort (1928-2008)

Ayer mi padre me mostró el obituario de Manuel Balasch en La Vanguardia. Se conocían desde hacía décadas, y he considerado oportuno dedicarle una entrada. Murió el viernes pasado, 13 de febrero.

Sacerdote y Catedrático de Griego en la UAB (Universidad Autónoma de Barcelona), fue en vida una de las máximas autoridades en España en filología clásica. A finales de los 60 se puso a traducir la Ilíada al catalán en hexámetros, la métrica original en dialecto homérico. Quizá sea éste su mayor logro. Un trabajo de chinos. También se volcó en la versión de Juvenal, Tucídides o Píndaro.

Leo en una de sus últimas entrevistas que le preocupaba la extinción de la filología clásica en los planes de estudio. A su juicio (y no sin cierta razón), eso dejaría al sector sin traductores. Es curioso que el otro día alguien me dijera lo mismo, puntualizando que a partir de ese momento leeríamos eternamente, década tras década y generación tras generación, los trabajos que ya se hubieran publicado y sin posibilidad alguna de actualización: ya no habría nadie capaz de entender el original.

Futuro apocalíptico, acaso exagerado, pero digno de plasmarse en un relato: ¿Es posible que el latín y el griego terminen suscitando tan poco interés como el neopúnico? ¿Acabaremos contentándonos con la copia ante un original inaccesible? Σκιάς όναρ άνθρωπος

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6 pensamientos en “In Memoriam: Manuel Balasch Recort (1928-2008)

  1. ¿Crees que pueda llegar el momento en que un ordenador traduzca un libro a la perfección? ¿O ya llego? Lo que te dejaría, supongo, sin trabajo, como en su tiempo las copiadoras dejaron a los Bartleby´s.

    Algo similar, que no sé si se pueda comparar, les paso a los dibujantes. Con los programas de computadora los artistas se quejaron sin trabajo. Y ese trabajo se lo agenciaron los jóvenes estudiantes que si sabían utilizar una computadora. Los viejos arquitectos se defienden alegando que los dibujos por computadora son muy fríos, que allí no hay arte, pero se ven obligados a contratar quien se los haga, porque, a regañadientes, aceptan las ventajas.

    Menciono esto porque tal vez exista quien, llegado el caso, se aferre a las traducciones hechas por una persona, sin importar el costo y el tiempo.

  2. No me atrevo a decir que no llegue el día en que un ordenador pueda llevar a cabo una traducción literaria (literaria, no de otro tipo) efectivamente. Lo que se sospecha (de hecho, lo sabemos pero no tenemos fotos para demostrarlo) es que en Planeta (¿dónde iba a ser, si no?) se ha dado el caso de un traductor que ha usado un programa informático para traducir libros enteros en lugar de hacerlo él. Las traducciones resultantes eran literalmente ilegibles. He intentado leer algunas y no he podido, las frases no tienen sentido, de modo que luego un corrector tiene que reescribir la traducción (que no es lo mismo que revisarla meramente). ¡Lo grave es que la empresa sigue contratando al traductor!

    Creo que lo que dices acerca del diseño gráfico y la arquitectura es distinto. Los programas para diseñar estructuras arquitectónicas facilitan un trabajo de cálculo matemático, básicamente, que sería muy complejo de hacer en papel y lápiz. No puedes construir rascacielos inteligentes (antiterremotos) sin ordenadores. Y el trabajo de los diseñadores gráficos continúa estando basado en la imaginación y la composición de lugar. Por más ordenadores que tengas, si no sabes combinar tipos de letras con colores de un modo estéticamente intuitivo, y que no se aprende en ninguna escuela, nadie te va a contratar. Por si tenía alguna duda, lo he visto diáfanamente al trabajar con nuestro diseñador en Seleucid Publishers.

  3. A riesgo de hacer el rídiculo, estoy convencido de que un programa *nunca* podrá traducir una obra literaria al mismo nivel que un humano experto.

    Un traductor automático se preocupa ante todo de preservar el modelo semántico, extraído de un texto de entrada en un lenguaje cualquiera, en el texto de salida codificado en otro lenguaje (debe reconocer una gramática de entrada y ser capaz de construir frases en otra gramática con pleno sentido). Toda esa labor la realiza con desafecto, tratando de descifrar mediante algoritmos y lógica difusa (fuzzy logic) cuál es el significado real de la información. Ese proceso excluye totalmente el gusto estético, la elección del sustantivo sugerente o del adjetivo justo, el doble sentido, etc.

  4. Hemos de reconocer el progreso de los programas informáticos de traducción. Al menos a mi me ha sorprendido especialmente cuando “pillé” a mi hija con uno… bueno… hubo bronca, enfado y promesa de que no lo haré nunca más.

    Pero jamás podrán traducir como dice helmer una obra literaria (I wish) .

    Le dije a Sara que no fuera tan “cutre” , pero parece ser que cada vez los utiliza más gente…

  5. Hubo un tiempo en el que cierto grupo de traductores deseaba hacer un colegio limitado a los licenciados de Traducción (como tal, sin esa molesta injerencia de los filólogos). Al parecer, en el mundo solo existen unas pocas lenguas y las muertas… pues eso, al parecer, están muertas. Y mira que falta por hacer, porque a mi entender nuestras traducciones de los clásicos antiguos pueden ser fieles o no, pero muchas aún no son hermosas; en cambio, en inglés es fácil elegir entre la exacta, la correcta pero legible, la hermosa pero no muy estricta, la interpretativa…, para dar conformidad a lo que te pida el cuerpo. Digamos que no abundan en español los García Calvo, que, con sus pegas (pues no gusta a todo el mundo), yo creo que vale la pena tener.

  6. Desde que vi, en un capítulo de los Simpson, que el edifico del Colegio de Arquitectos se derrumbaba porque lo habían construido con el culo en el ladero de una montaña, no soy partidario de colegios. Al menos no de colegios que vayan más allá de una función meramente administrativa para erigirse en grupos de presión.

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