Jason a gogó

Ayer, en viernes 13, se estrenó Viernes 13. Otra más. No creo que pague por verla (no estoy para lujos económicos) y no sé por cuál van. Es posible que justamente por la décima tercera. La octava es la de Nueva York, con el tío liquidando al personal con su máscara de jugador de hockey sobre hielo puesta (o ‘ihelo’, como escribió el propietario de un bar en Badalona). Y en 2003 rizaron el rizo con Freddy vs Jason, a la Clash of the Titans.

Consultando IMDb me he enterado de que existe una versión techno-fashion ambientada en una nave espacial del siglo XXV, donde resucitan (o algo así) a Jason. El colega se irá cargando a la tripulación como sucede en… Alien. Viva la novedad. De todos modos, la buscaré en eMule cuando me lo arreglen. No me resisto a perder el tiempo.

Para terminar, uno no puede dejar de percibir el fenómeno apuntado por David Mamet en Bambi contra Godzilla: cuando se rompe la distancia estética sin que al espectador le importe, la obra en cuestión no es un drama. Así, tanto en esta serie de películas como en las de Freddy Krueger (Pesadilla en Elm Street) sucede lo que en el porno: cualquier excusa es buena. Por ejemplo, el argumento que justificó filmar en 1988 la séptima entrega de Viernes 13 (traduzco de IMDb): “[…] Jason Vorhees [el nene tiene apellido holandés] regresa al campamento cuando una adolescente con poderes psíquicos lo libera accidentalmente.”

Lo que hay que leer en esta vida…

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