Lo que hay que aguantar

En todos los ámbitos profesionales hay un elevado número de impresentables. Hoy voy a repasar la bazofia que te encuentras por ahí en el mundo editorial:

1. Grecia. No puedes poner a una mentirosa (te dice que se le han acabado las tarjetas cuando en realidad es nueva en la empresa y aún no tiene) como responsable de Derechos de Autor. No le puedes dar un poder que no le pertoca: decidir qué libros acepta la editorial para estudiar su posible pulicación. Ese trabajo es el del editor o del director literario. Los que trabajan en derechos no son filtros literarios. En todo caso son abogados, o deberían.

2. España. No puedes pedir 2500€ de anticipo por una novela desconocida de un autor más desconocido todavía, y menos con la que está cayendo en todo el mundo, no sólo aquí. El anticipo normal en un caso como ése es de 1000€ y ya puedes estar muy contento.

3. Grecia. Un editor no puede tardar semanas en responder un mensaje de índole profesional, o meses en dar a un agente el correo electrónico de un autor. Es propio de incompetentes. (¿Cómo? ¿Incompetentes en Grecia? ¿Seguro?)

4. General. Más vale pájaro en mano que ciento volando. Es absurdo no vender los derechos de una novela porque la oferta no es (teórica y subjetivamente) suficientemente buena, y luego pasarse cinco años viendo cómo no se recibe ninguna otra oferta y esa novela no se traduce. Hay que ser un poco más humilde y saber en qué lugar se está. Y, desde luego, ser transparente y comunicar al autor que se ha rechazado esa oferta. Muchos agentes se lo callan porque saben que su representado les partiría la cara. Como mínimo.

5. España. No puedes decir que vas mal de dinero y que quieres subvenciones cuando todos sabemos que si algo te sobra es, justamente, dinero. Hay que tener un poco más de vergüenza, o al menos fingir que se tiene.

6. España. No puedes pedir pruebas de traducción a una autoridad en la materia (no es mi caso) que lleva más años traduciendo que tú publicando. Quedas a la altura del betún.

7. España. Si estás editando un libro cuyo original está en una lengua que se escribe en otro alfabeto y tienes alguna duda filológica, pregunta al traductor. Para eso lo has contratado. No te hagas el listo porque luego el libro sale mal.

Hay más, pero tampoco es cuestión de redactar una lista interminable.

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7 pensamientos en “Lo que hay que aguantar

  1. Yo sólo digo que llevo meses traduciendo de un original tomado en préstamo en una biblioteca pública porque la editorial del original y el representante del autor dicen no disponer de ejemplares de la edición crítica de la obra y la editorial española no sabe de dónde sacarlos. Hasta he tenido que pujar por un ejemplar en eBay (avanzando dinero de mi bolsillo), que aún no me ha llegado. Y el autor es un clásico moderno, no un mindundi cualquiera (que a esos los editan por triplicado: tapa dura, bolsillo y edición de exportación). O tempora o mores…

  2. He leído el punto 2 y qué alegría. Creía que lo único que recibías al pedir un anticipo era un portazo en las narices. Qué ingenuo soy, yo que ya había tirado la toalla… En cuanto tenga el tabique soldado de nuevo, vuelvo a intentarlo.

  3. Se llegará a un punto en que los autores pagarán por publicar y sólo los leerán familia y amigos… ¡Qué digo! ¡Si ya sucede con la autoedición digital!

    En serio ahora. Ten en cuenta que los anticipos son muy relativos: quién paga, quién cobra, tipo de libro, número de habitantes del territorio donde se va a vender, lengua… Hay mil factores. Y el más importante ahora mismo es que la venta de libros ha caído en todo el mundo. En España creo que el 25%, aunque no estoy seguro de esa cifra.

  4. Desde luego la lista sería interminable. Sumo dos:

    Editoriales que no aceptan originales de autores que vayan por cuentra propia.

    Traducciones pésimas porque parece que no es importante el trabajo del traductor. De ahí que se pague lo que se paga.

    Discrepo contigo en lo de los anticipos. Sí que se pueden sacar más de 2500 por obra nueva de autor desconocido. Lo sé de buena tinta.

    Un saludo,

    Juan Negro, Investigador Privado

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