La teoría estética de David Mamet

Tercera entrada que dedico al genial estudio Bambi contra Godzilla: Finalidad, práctica y naturaleza de la industria del cine, del director, productor y guionista David Mamet (editorial Alba). La de ayer fue Consejos para escritores, gentileza de Mamet. Continúo:

“La estructura dramática depende exclusivamente de la progresión de incidentes. ¿Cómo identificamos un incidente? Un incidente (según Aristóteles) es un paso necesario desde la proposición inicial (un capo de la mafia quiere evitarle a su hijo la vida delictiva) hasta la conclusión (el hijo se convierte en jefe de los delincuentes).” [Página 98.] Se refiere a El Padrino, obviamente.

“El objetivo del dramaturgo es hacer que el público participe en el desciframiento de un silogismo hermético.” [Página 160.] Uno no puede dejar de percibir el eco de Theodor Adorno en esto: el arte como negatividad inexpugnable.

[…] cuando la distancia estética se viola pero nosotros, como espectadores, no nos sentimos incómodos, la exposición que estamos viendo no es, en rigor, un drama.

La película pornográfica, observamos, no es un drama. Pues, aunque se haya formulado un pretexto -un hombre y una mujer astronautas quedan aislados en una cápsula en el espacio y se afanan por volver a la Tierra-, no le[s] importa ni a los personajes, ni a los actores, ni al público. Todo el mundo sabe que están allí sólo para copular y que, después del número requerido de coitos, se empleará un recurso aceptable para que los astronautas vuelvan a la Tierra, y los espectadores recuperarán un mínimo de dignidad.” [Páginas 166-167.] ¿Que se empleará un recurso aceptable? David, te garantizo que será el peor recurso de la historia del cine.

“El circo, el vodevil y, de hecho, el performance art, proporcionan satisfacción mediante la presentación de efectos completos individual e intelectualmente vacíos (trucos, giros), de manera que el progreso de uno al otro imita el viaje emocional experimentado por el oyente que participa en el progreso de un drama real.

La labor de organizar de la mejor manera posible los números de circo, los de vodevil o los giros burlescos se llama ‘secuenciamiento’, término muy revelador que significa ‘ordenación óptima de lo arbitrario’.” [Página 167.] El secuenciamiento es importante no sólo en el montaje cinematográfico sino también en el literario.

“La experiencia dramática es en esencia el goce del aplazamiento del goce. La boca se hace agua ante la perspectiva de una comida deliciosa; las palmas de las manos sudan ante la expectación del placer del sexo. […] [Página 168.]

“Stanislavski escribió que el drama tiene la misma relación con el melodrama que la tragedia con la comedia; es decir, la tragedia no es un drama realzado, sino una comedia realzada.” [Página 182.] No estoy muy seguro de que el ruso tuviera razón.

“Aristóteles advierte que al héroe no le basta con que captemos la idea. Sin embargo, muchos cineastas modernos actúan como si no hubieran leído su libro [imagino que se refiere a la Poética, y desde luego no han leído ni esa obra ni ninguna otra]. Sus películas describen el gradual progreso del protagonista hacia la realización personal […].

No así el cine negro. Véase A quemarropa, donde Lee Marvin, en rápida huida, es atracado, tiroteado y dado por muerto en una isla desierta. Este tipo no busca la realización personal; lo que quiere es sangre. Y Sterling Hayden en Atraco perfecto quiere el dinero.” [Página 188.] Es tan claro que no lo voy a comentar.

“Stanislavski dijo que los últimos noventa segundos son los más importantes de una obra. La sabiduría popular de Hollywood lo expresa de la siguiente manera: da un giro en los últimos dos minutos, y vivirás muy bien. Da otro giro en los últimos diez segundos y podrás comprarte una casa en Bel Air.” [Página 251.] Lo dicho antes sirve ahora.

“Pregunta: ¿Es posible captar la atención del público cuando ya se sabe el final de la búsqueda?

Sí. Según Mark Twain, las memorias de Ulysses S. Grant estaban tan bien escritas que uno se preguntaba quién iba a ganar la Guerra de Secesión.” [Página 255.]

Hasta aquí hemos llegado.

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