Entrevista a José Sánchez Tortosa, Premio Seléucida 2008 al Mejor Otro

José Sánchez Tortosa ha ganado el Premio Seléucida 2008 al Mejor Otro con su ensayo El profesor en la trinchera, subtitulado La tiranía de los alumnos, la frustración de los profesores y la guerra en las aulas (La Esfera de los Libros).

Pregunta: Bueno, José, ya tienes una foto de Godzilla dedicada por mí. La ilusión de tu vida, no lo niegues.

Respuesta: Aciertas. Cumplo un sueño. Por fin escribir tiene sentido… Además, me encanta ser el Mejor Otro. Cosas de la alteridad.

P.: El profesor en la trinchera guarda relación con tu experiencia como docente en el sistema educativo de Madrid. Precisando más, ¿cuál es el origen exacto del libro?

R.: Se trata de un encargo de la editorial. Tenían interés en publicar un libro que reflejara la situación actual de los profesores en la enseñanza media. Gabriel Albiac, con quien he trabajado en la Facultad de Filosofía de la Complutense de Madrid, es el director de la colección de ensayo y me propuso para este proyecto. El borrador que presenté a Ymelda Navajo (directora de la editorial) gustó a pesar de que buscaran algo más casuístico y casi costumbrista, y menos teórico. En todo caso yo me ajusté al objetivo que ellos se marcaron y no me coartaron en ningún momento sobre lo que iba escribiendo. Por eso es importante resaltar que se trata de un libro de Filosofía, no de psicología o pedagogía (de hecho, es más bien antipedagógico).

P.: ¿Qué relación tiene el libro con tu Doctorado en Filosofía?

R.: Ahora mismo estoy estudiando las leyes educativas de la República y del Franquismo para contrastarlas con las de la Democracia. Desde esta perspectiva es interesante ver la evolución no sólo de la sociedad española sino de sus paradigmas pedagógicos, evolución que ha cristalizado en lo que podríamos denominar el “espíritu LOGSE”, lejano heredero de la Institución Libre de Enseñanza y vigente en estos momentos en España.

P.: Se vendieron 3000 ejemplares, casi toda la edición, en menos de seis meses. Un éxito en un país como España, donde se lee poco en general, y especialmente ensayo. ¿Indica eso una preocupación de muchos padres o profesionales por el futuro de la educación pública?

R.: La última cifra que me ha proporcionado la editorial, hace un par de semanas, es de 4000 ejemplares. Me resultan llamativas dos cosas: el número de ventas, muy elevado teniendo en cuenta las condiciones que mencionas, y que soy un autor desconocido. Esto puede explicarse, en efecto, por la innegable preocupación de muchos profesores (personas que suelen ser lectores habituales) y padres ante la deriva de la educación española. Pero yo indico en el libro que esta preocupación por la enseñanza sería más generalizada en un país menos narcotizado que el nuestro, porque los problemas que se derivan de este problema afectan a todos los ciudadanos (y conste que esta indicación no responde exclusivamente al deseo de que compren el libro también personas ajenas al mundo de la enseñanza y de las familias con hijos en edad escolar). En segundo lugar, que ese número de ventas y la atención que algunos medios le han otorgado no se ha traducido en un debate polémico y crítico sobre las cuestiones que yo pongo sobre la mesa en el libro. Según señala Savater en un artículo del 11 de octubre pasado en El País, el revuelo que se ha montado en Francia por el libro de Daniel Pennac (Mal de escuela) ha sido considerable, a diferencia del vacío de respuesta en nuestro país por un libro como el mío. Más allá de las diferencias entre ambos textos, el caso denota una sociedad anestesiada y/o anclada en sus posiciones ideológicas dogmáticas e inamovibles.

P.: Creo que estarás de acuerdo con el filósofo Christopher Henry Dawson (1889-1970), quien ya diagnosticó hace años los motivos del hundimiento del sistema educativo. Concretamente, el problema empieza con el abandono del modelo clásico y humanista occidental, que permitía la orientación intelectual dentro del laberinto, para substituirlo por un constructivismo relativista donde la propia autoridad del docente se ve minada porque se ha abandonado la noción de esfuerzo personal y respeto por la autoridad.

R.: Sí. La tesis que planteo en el libro es que no hay enseñanza en sentido propio antes de la figura de Sócrates y, con mayor precisión, antes de la obra de Platón, que sistematiza su concepción de la enseñanza, indisolublemente unida a la propia Filosofía y al método racional, extraído de las Matemáticas. Conviene recordar que no hay Filosofía sin Matemáticas, y muy específicamente, no hay Filosofía platónica sin el problema de los números irracionales, que tanto atormenta a los pitagóricos. De ahí que yo haya establecido en un artículo la oposición entre Matemáticas y Pedagogía. Y cuando hablo de que la pedagogía es una especie de Teología de la postmodernidad me refiero a que esta disciplina se ha convertido, muy particularmente en las escuelas, en una gestora de sentimientos y creencias, justo aquello que debía quedar fuera de la Academia, según la exigencia de Platón.

Esos principios clásicos, platónicos, son relegados e incluso olvidados bajo la oleada del constructivismo (que en los 50 empieza aplicarse en Inglaterra), que no deja de ser uno de los tentáculos del denominado pensamiento postmoderno.

P.: Profesores amenazados en las aulas, analfabetos pasando de curso con cuatro suspensos y boicoteando las clases de quienes realmente quieren aprender, padres que defienden a hijos delincuentes en lugar de apoyar a los profesores… En Singapur, los alumnos se ponen en pie cuando entra el docente en clase, y si alguien insulta a un profesor se arrepentirá durante el resto de su vida. No creo que sea una sorpresa que el sistema educativo de allí funcione mucho mejor que el de aquí, según demuestra el informe PISA, especialmente en asignaturas cruciales para Pitágoras y Platón como las matemáticas. Nos hemos quedado atrás. ¿Hay solución, viendo el panorama?

R.: La solución es extremadamente difícil. Para empezar hay un problema, yo diría, casi estructural de la composición sociológica española y de sus mecanismos de poder. En Suecia, por ejemplo, hace ya algunos años que el paradigma constructivista ha entrado en crisis y, por lo que sé, se han apresurado a abandonarlo. Es un ejemplo de algo que veo prácticamente inviable en nuestro país. Aquí, el único ámbito en que no ha habido jamás consenso es el de la educación, hasta el punto de que ninguna ley educativa ha sido aprobada con el apoyo de todas las formaciones políticas del parlamento. A ello se une el disparate absoluto y catastrófico de los nacionalismos hegemónicos idiotizando y tiranizando a generaciones de jóvenes en el marco de la escuela pública, lo cual no deja de ser responsabilidad última del Estado central. Esto me recuerda a cuando se produce la Reforma Protestante (su más prestigioso pedagogo es Comenius). Al hilo de la Reforma se proyecta una escuela en la que todos los niños aprendan a leer la Biblia en la lengua propia o materna (como sabes mejor que yo, lo propio traduce el vocablo griego ‘ídion’, de donde ‘idiota’ en español), dejando la enseñanza de las lenguas clásicas a las elites. Bajo el manto retórico del postmodernismo actual se condena a la idiotez en lengua regional a chicos que no tienen más remedio que estudiar en la escuela pública, mientras los hijos de familias con recursos y, en especial, los hijos de los políticos que establecen esa enseñanza idiota (es decir, propia) para los demás estudian en la enseñanza privada más cara, elitista, y en la lengua común.

A mi juicio se produce una paradoja esencial en el problema de la enseñanza y en las conexiones entre democracia y educación. Y es un problema que ya surge en Grecia con la aparición del fenómeno de la Sofística. La democracia ateniense pone las condiciones materiales y estructurales para que se dé el salto a la democracia (por muy precaria que ésta fuera, pero no sé si mucho más que la nuestra en la actualidad), pero al mismo tiempo la democracia se acaba convirtiendo en el gobierno de la ignorancia y, en lógica platónica, de la servidumbre. Es decir, que trasladado al ámbito educativo, se consigue un sometimiento mucho más eficaz por medio de una educación flexible, aparentemente democrática, volcada presuntamente en el joven, que es el protagonista de la educación, y que se acaba transformando en el monstruo que siempre tiene razón y se destruye a sí mismo mientras los padres y psicólogos (y no pocos profesores) siempre encuentran alguna justificación para su comportamiento, que por medio de una educación mínimamente disciplinaria. Cabe recordar que también en las escuelas del Tercer Reich los alumnos eran los protagonistas, hasta el extremo de que sus profesores y padres estaban atemorizados, a expensas de ser delatados por ellos. Como decía Goebbels: “La juventud siempre tiene la razón”.

Salir de esa paradoja es difícil pero lo que yo planteo es que no hay libertad sin la disciplina y el rigor que el conocimiento y los procesos racionales proporcionan. De ahí la dicotomía que antes indicaba: Matemáticas o Pedagogía. Las matemáticas son verdaderamente democráticas no porque el resultado de una ecuación sea sometido a votación, sino precisamente porque no puede votarse. Cada uno decide en igualdad estricta de condiciones. Ahí está la clave a mi entender, pero no veo sencillo superar ese prejuicio antiintelectualista que empapa la ideología imperante y la pedagogía en vigor.

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4 pensamientos en “Entrevista a José Sánchez Tortosa, Premio Seléucida 2008 al Mejor Otro

  1. Un libro interesante y útil. Escuché también la entrevista con José Sánchez Tortosa en RNE que vino a completar lo escrito. El profesor no es nadie para nadie. Los chicos lo miran como a un bicho raro, desfasado, normalmente con gafas, que no viste de moda, no tiene moto, no conduce un deportivo, no juega al fútbol como Cristiano Ronaldo, no dispara con la pistola como Brad Pitt (o cómo se escriba), no trafica en droga como Pablo Escobar. Todos éstos son adultos que ellos imitan. ¿Para qué coño estudiar si uno puede ganarse una pastica haciendo cualquier otra cosa? ¿Enseñanza pública? Su nombre habla por si mismo: el sitio donde todo quisque puede aprender a escribir más o menos bien su nombre y el nombre de la madre que lo parió. Lo demás es Filosofía y Letras. Y no se hagan ilusiones, señores. Muy pronto las escuelas desaparecerán. No habrá profesores ni sistema educativo. Quedarán sólo multinacionales donde, al entrevistarte, te preguntarán si sabes un poquito inglés y otro poquito los números.

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