Kerouac me remite a Terzakis

Ayer hablé brevemente de En el camino, de Jack Kerouac, y cité unas líneas de una brillantez alucinógena. Dichas líneas me recuerdan a un pasaje de Viaje con Venus, de Ánguelos Terzakis. Se trata de una de las cartas que el amigo innominado de Glaukos le manda, hablándole de unos jóvenes con quienes se ha relacionado por poco tiempo:

“[…] He conocido a un grupo de jóvenes que se reúnen por las tardes y por las noches en el sótano de una pastelería descuidada. Son inquietos y excitables. Se entusiasman, recitan versos en voz alta, se despeinan. Se ponen corbatas como coles hinchadas, bastantes llevan bastones. Bajan temprano al sótano, se van tarde, la dirección del centro se desespera. Y leen, escriben (sobre todo escriben) con rabia. Los otros clientes (contratistas, profesionales, trabajadores, dos o tres putas) se han quejado a la dirección del centro.” [página 138, traducción obviamente mía]

Podríamos hablar de vitalismo en sentido laxo, no necesariamente del vitalismo filosófica y científicamente estricto. Tanto Kerouac como Terzakis describen en las partes citadas a individuos entregados con pasión a la vida, culos de mal asiento que están en las antípodas de uno de los arquetipos románticos: el de la tristeza y la desazón. El otro arquetipo, en cambio, encaja bastante bien: el del individuo atrabiliario, “de genio destemplado y violento” (como dice el DRAE).

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