En el camino, de Jack Kerouac

Otra de esas novelas acerca de las cuales uno no sabe qué decir. Pretender la originalidad puede llevar a caer en el ridículo. Quizá ya se haya dicho todo, de modo que apelaré a lo clásico.

On the Road es una obra de lectura fácil y vitalidad desbordante. El texto es como una avalancha que se te lleva por delante. La excusa no es nada más que un viaje por los Estados Unidos y México, ora en coche, ora a pie. Autostop, camionetas que traquetean, alcohol y lo que haga falta. El himno de la generación beat se narra a través de protagonistas reales con nombres cambiados: principalmente, el propio Kerouac es Sal Paradise y su amigo Neal Cassady, Dean Moriarty. También aparecen Allen Ginsberg y William Burroughs.

Hace unos meses se usó un pasaje de este libro en un anuncio de BMW. Felicito a quien tuviera la idea, es una muestra brillante de la prosa de Kerouac:

“[…] Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un ‘¡Ahhh!’. ¿Cómo se llamaban estos jóvenes en la Alemania de Goethe? Se dedicaban exclusivamente a aprender a escribir […].” [página 16, traducción de Martín Lendínez]

Tengo que decir que este parágrafo concreto me recuerda a uno de Terzakis en Viaje con Venus. Mañana me extenderé.

Publica Anagrama, como también los libros de Cassady, Burroughs y Ginsberg.

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Un pensamiento en “En el camino, de Jack Kerouac

  1. Oh, también Kerouac, se maravillaría que alguna vez a los apoltronados jóvenes que viven por razones mercantiles con los papitos, ahora se las tengas que ver con esta crisis, ya que no mueven el culo con las banderas de la solidaridad, del cambio interior, ya que como Keroouac no tiene sed interior, salvo por una damm o un microondas o un Vw, es bueno que el desierto se incendie a su pequeño y miserables niditos de amor.

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