La mujer sentada, de Guillaume Apollinaire

Éste fue el séptimo volumen de la colección de narrativa de El Olivo Azul, joven editorial sevillana. Traducido y prologado por Cristina Ridruejo, es un buen ejemplo de cómo hacía las cosas Apollinaire: vanguardia, fragmento, collage. Gran volumen de sólo 127 páginas, aunque no apto para los estrictos seguidores de lo clásico (presentación, nudo y desenlace).

El autor se llamaba en realidad Wilhelm Albert Vladimir Apollinaris de Wąż-Kostrowitcky (pedazo de nombre). Madre polaca, padre desconocido, según explica la solapa del libro. Nació en Roma en 1880 y murió en París en 1918, de gripe española. Aquí incluso la gripe es un agente de la España negra, retrógrada y antivanguardista.

Más allá de las bromas, la novela es absolutamente sorprendente. Constituye una fusión rara de dos obras previas que Apollinaire decidió articular: La mormona y el danita (1914) e Irene de Montparnasse o París en tiempos de guerra (1917). El resultado es raro y, hasta cierto punto, explosivo. El título se refiere a la protagonista (suponiendo que haya alguna), una mujer liberada que se sienta para ver a los hombres danzar a su compás vital. La mezcla de las dos novelas en una sola genera un texto aparentemente desarticulado donde algunos pasajes encajan incluso en la literatura de viajes urbanos.

17€, por lo que veo en la Casa del libro.

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