Cómo no hay que escribir, IV: La fortuna de Matilda Turpin, de Álvaro Pombo

Dos amigos, uno traductor y otro escritor teatral, me han pedido que no sea muy duro con Álvaro Pombo porque es un buen novelista y un error lo comete cualquiera. Se ve que, consciente o inconscientemente, bajó su nivel literario a la hora de redactar esta novela, algo comprensible cuando uno va a publicar con Planeta.

El título de este libro siempre me ha provocado escalofríos. Acaso por el apellido de la susodicha Matilda Turpin, que me recuerda al substantivo inglés ‘turnip’ (‘nabo’, para más señas). Pero dejemos de lado las referencias nabales, que no navales, y vayamos al grano.

Lo que dice el editor, a modo de introducción al extracto, es:

“Ésta es la historia de Matilde Turpin: una mujer acomodada que, después de trece años de matrimonio, emprende un espectacular despegue profesional en el mundo de las altas finanzas. Esta valiente opción tendrá un coste. ¿Fue todo un gran error? ¿Cuándo se descubre en la vida que nos hemos equivocado? ¿Al final o al principio?”

Por lo que se refiere a responsable de ese parágrafo abominable, nunca. Nunca descubrirá que se ha equivocado. Pero vayamos con Pombo:

“[…] Tiene la impresión, sin embargo, de que una ordenada sucesión de imágenes alejadas pero también clarificadas, se presentan ante su conciencia: tiene una sensación de transcurso, como se tiene cuando soñamos: tiene la impresión […].”

La aliteración (repetición) de “tiene” queda muy mal. Tres veces, y dos de ellas precedido de dos puntos. Es decir, dos puntos dentro de dos puntos. Y después de “clarificadas” no puede haber una coma a menos que también haya una después de “imágenes”. Veamos más:

“[…] Era porfiada en esto de la memoria y propensa a proceder con una cierta terquedad pueblerina si Matilda o Antonio o Juan le discutían la exactitud de su rememoración. […]”

Menuda frasecita. Es, innegablemente, la sintaxis que exige Planeta. Pombo se adaptó a la perfección, qué duda cabe. Y seguimos:

“Esta noche Emilia sonríe sola, entrecerrados los ojos, la viveza de esa casi percepción actual le hace sonreír. […]”

A ver: después de “ojos” va un punto porque, de otro modo, la última frase se lo carga todo; “esa casi percepción actual” es una construcción horrible sintácticamente, y “le hace” tiene que ser “la hace”. Más:

“[…] Matilda le pareció una criatura celeste, libre de todas las babosas adherencias de lo celestial […].”

No entiendo la frase. Si le parece celeste, ¿cuál es el problema con lo celestial?

Lo dejo aquí.

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