Cómo no hay que escribir, III: El Palacio de la Medianoche, de Carlos Ruiz Zafón

Zaf-on, Zaf-off.

Veamos (dijo un incauto blogger mientras le temblaban las manos). Al principio del extracto tenemos un resumen que ocupa un parágrafo, presumiblemente escrito por el editor:

“Calcuta, 1932: El corazón de las tinieblas [fusilando a Conrad sin piedad ni vergüenza]. Un tren en llamas atraviesa la ciudad. Un espectro de fuego siembra el terror en las sombras de la noche [lo normal en Calcuta, como todo el mundo sabe]. Pero eso no es más que el principio [no, si ya decía yo…]. En la víspera de su decimosexto cumpleaños, Ben, Sheere y sus amigos deberán enfrentarse al más terrible y mortífero enigma de la historia de la ciudad de los palacios.”

Bueno, cuando los adolescentes normales se dedican a hacer lo imposible por perder la virginidad, éstos se enfrentan a enigmas tan chungos que harían que Hulk se defecara encima. Pero vayamos a Zafón de una vez.

“Nunca podré olvidar la noche en que nevó sobre Calcuta. […]”

Nunca podré olvidar lo pelma que eres. Tópicos hasta la extenuación. Siempre lo mismo. Una página y media después, como eco de sí mismo:

“Nunca podré olvidar los rostros de aquellos muchachos asustados la noche en que nevó sobre Calcuta. […]”

Es innegable que no le falta fósforo. Menuda memoria atesora el colega. No olvida nada ni por ésas. O quizá sí olvide algo: que basarse, cada tres parágrafos, en imágenes arquetípicas trilladísimas no ayuda a construir lo que él considera “literatura de calidad”, para usar la expresión que mencionó en esa mítica entrevista publicada por El País, donde dijo que los mejores escritores trabajan hoy día haciendo guiones televisivos y cinematográficos, insinuando que la excepción es… él (nuevo libro: La sombra de la modestia). Hay que ser abrazafarolas para decir eso. Alguien debería explicarle que: 1. Los escritores portentosos que se dedican sólo a la literatura son bastantes, y él no está en ese grupo; 2. Los procesos creativos de un guión y de una novela guardan menos relación de la que él cree, y la que efectivamente guardan es distinta de la que él cree; 3. Siempre ha habido buenos escritores trabajando en esos ámbitos; sin ir más lejos, el 10% de los guiones de The Twilight Zone los escribió Richard Matheson.

Pero sigamos con el horror zafoniano:

“Poco después de la medianoche, una barcaza emergió de la neblina nocturna que ascendía de la superficie del río Hooghly como el hedor de una maldición. A proa, bajo la tenue claridad que proyectaba un candil agonizante asido al mástil, […].”

Parece que esté intentanto imitar a Lovecraft y sólo consiga hacer el ridículo. Profundicemos:

“Se detuvo a recuperar el aliento oculto bajo la escalinata de un viejo almacén de telas cuyos muros estaban sembrados de carteles que anunciaban su pronto derribo por orden oficial. […]”

Hablando de aliento, nos ha dejado sin. Menuda frasecita carente de pausas. ¿Comas? ¿Puntos? ¿Alternativas sintácticas? ¿Para qué? Y además, ¿quién está oculto bajo una escalinata? ¿El personaje o su aliento?

Y para terminar con la pesadilla en Zafón Street, veamos su característica más evidente como pseudoescritor: una incapacidad manifiesta para construir diálogos creíbles.

“–Nunca fui buena contigo –le dijo–. Temía por mi hija, por la vida que podía tener junto a un oficial británico. Pero estaba equivocada. Supongo que nunca me lo perdonarás.

–Eso ya no tiene ninguna importancia –respondió Peake–. Debo irme. Ahora.”

Madre mía, los guionistas de Falcon Crest y Dallas eran Esquilo comparados con eso. Sí, debes irte. Ahora.

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6 pensamientos en “Cómo no hay que escribir, III: El Palacio de la Medianoche, de Carlos Ruiz Zafón

  1. “que proyectaba un candil agonizante asido al mástil”

    En otro caso, pensaría que se trata, simplemente, de una prosopopeya no del todo afortunada. Sin embargo, en el caso que nos ocupa, tiendo a pensar que este señor no ha visto un candil en su vida (por su forma, los candiles no son susceptibles de asirse a nada) y, además, no tiene muy claro lo que significa “asir”. De conjugarlo, ni hablamos, pero esa es otra historia.

  2. Respecto a las frases que provocan disnea en los lectores, me temo que en mi caso debo declararme culpable, pero reconozco que suelo hacerlo a sabiendas y a mala uva.

    Lo de poner un adjetivo o epíteto por cada sustantivo es algo que se debería superar pasados los quince años, pero ya se ve que eso no impide no sólo publicar libros, sino además triunfar con ellos y forrarse.

  3. Me alegro por mi querido Álvaro… Con la de sangre que corre hoy por este blog, creo que con Álvaro, mañana, será como pelarse las rodillas de pequeño, Ná. Me alegro por mi querido Álvaro.

  4. Pues yo he encontrado otra zafonada en el párrafo del candil:

    “Poco después de la medianoche, una barcaza emergió de la neblina nocturna”

    “Nocturna” sobra, ya ha dicho que es medianoche. A mi me da que este hombre escribe una novela y después no la vuelve a leer ni para darle un repaso.

  5. Efectivamente, Zafón es la encarnación del pleonasmo. Goza con la repetición hasta extremos grotescos. Creo que fue Sam Peckinpah quien dijo que un buen guión cinematográfico no contiene adjetivos. Pues eso.

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