Cómo no hay que escribir, I: Presentación

A veces es mejor hacer las cosas al revés. Por eso, esta semana la dedicaré a un intensivo de cómo no hay que escribir, en lugar de hablar de cómo hay que escribir.

Ejemplos no faltan, pero aprovecharé una joya de lo impresentable caída en mis manos hace un año. Iba a ver a mi director de tesis en la Universidad de Barcelona cuando, de pronto, una chica de buen ver puso en mis manos un libro de bolsillo del Grupo Planeta. Y es que los tíos, como pasta no les falta, habían montado un chiringuito dentro de la Facultad de Filosofía. Prescindiendo de que fuera o no el lugar más indicado, regalaban un horror intitulado Pequeños placeres. Los libros más buscados en bolsillo. En la cubierta no había sino un gnomo de porcelana o plástico con un libro en las manos y la mirada perdida en el horizonte. Reprimí las arcadas y acepté el regalo. No todos los días una azafata es tan altruista conmigo.

El volumen en cuestión contiene fragmentos selectos de lo peor de Planeta, con honrosas excepciones (En el nombre del cerdo, de Pablo Tusset, buen libro de un buen autor). Hay también escritores extranjeros, pero los pasaré por alto porque están traducidos y lo ideal es trabajar con originales en español. Así, el orden de esta semana será:

Martes: Pasión india, de Javier Moro.

Miércoles: El Palacio de la Medianoche, de Carlos Ruiz Zafón.

Jueves: La fortuna de Matilda Turpin, de Álvaro Pombo.

Viernes: Epílogo planetario sangrante.

Nos vemos mañana.

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