Goodbye, Columbus, de Philip Roth

Philip Roth, sujeto que lleva las letras en la sangre, es uno de los candidatos al Nobel de este año, por lo que he leído. Nacido en Newark (Nueva Jersey) en 1933, ha recibido dos veces el National Book Award de su país, una de ellas por este volumen donde hallamos no sólo la magnífica novela que da título al libro sino también cinco cuentos: La conversión de los judíos, El defensor de la fe, Epstein, No se conoce al hombre por la canción que canta y Eli, el fanático. Ha sido un acierto de la descarriada Seix Barral, todo hay que reconocerlo, porque sólo con la novela el libro se nos haría corto. Y como los editores cada vez se niegan más a publicar cuentos argumentando que no se venden, mejor que los saquen con las novelas.

Las raíces judías de Roth quedan de manifiesto en este maravilloso volumen. Se nos presenta una imagen nítida de los judíos norteamericanos, de sus relaciones no sólo entre ellos sino también con otras comunidades como la negra, en tiempos, lamentablemente aún cercanos, en que la raza jugaba un papel mucho más serio y desafortunado que ahora. En este sentido, Roth dibuja a la perfección los cuadros de una exposición de la América comprendida entre la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Vietnam. Alta literatura, e imprescindible.

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