Las veintiséis palabras según Dolgopolsky

Continúo la entrada de la semana pasada.

Aharon B. Dolgopolsky, uno de los máximos especialistas en nostrático (la supuesta lengua común a casi todas las lenguas del mundo), se puso a darle al coco y llegó a la conclusión de que, en cualquier lengua, hay veintiséis palabras que muy difícilmente ceden ante el empuje de otra lengua. Es decir, no son susceptibles de préstamo ni de colonización. Son el último reducto. No me preguntéis cómo confeccionó dicha lista. Me lo imagino, pero no estoy seguro.

La lista, por orden de mayor a menor resistencia, es:

“Yo”/“me”, “dos”/“par”, “tú”, “qué”/“quién”, “lengua”, “nombre”, “ojo”, “corazón”, “diente”, “no”, “uña”, “llanto”, “agua”, “muerte”, “luna”, “mano”, “noche”, “sangre”, “cuerno”, “lleno”, “sol”, “oreja”, “sal”.

A grandes rasgos, observamos que nueve palabras se refieren a elementos orgánicos presentes en los mamíferos, cinco son pronombres, dos se refieren a los astros más influyentes sobre la Tierra y diecisiete son substantivos. Sólo hay un caso claramente oblicuo, y ni un verbo.

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9 pensamientos en “Las veintiséis palabras según Dolgopolsky

  1. Anda figura, pásame también el número del camello del Dolgopolski éste…
    No me queda claro eso de que esas palabras no son susceptibles de préstamo ni colonización (¿?); ya sabes que soy un pelín lerdo. Joder ¿de dónde han salido entonces? Por lo menos en español, francés, etc las hemos tomado del latín (en su mayoría). Explícate mejor. Exijo un post aclaratorio. Y riguroso.

  2. A ver. Las lenguas neolatinas no han tomado palabras del latín. Son latín modificado por siglos de habla espontánea. En cambio, el griego moderno y el inglés no guardan relación directa. Pero si sales con griegos, verás que los jóvenes no se despiden diciendo “salud” ni “que vaya bien” (las formas normales en su lengua), sino con el anglicismo “bye”. Se ha producido una substitución que para ellos es normal. Incluso escriben así, cosa que a mí me repele.

    Ahora imagina una substitución léxica a gran escala entre lenguas en contacto cotidiano directo (Grecia no tiene frontera con ningún país anglófono, de modo que no es el caso). La lista de Dolgopolsky pretende indicarte qué términos no caerán nunca, porque su caída supone ya la desaparición misma de la lengua en cuestión. Si cae eso cae todo, por decirlo así. Supongo que un ejemplo usual sería el hecho de que los sumerios terminaran hablando acadio. Primero adoptaron préstamos, luego la lengua entera y, al final, dejaron de hablar sumerio. Algunas veces, el bilingüismo es el paso previo a la desaparición de una lengua (si hay algún catalanista en la sala que no cunda el pánico; en mi opinión no es el caso).

  3. Esto del nostrático no deja de ser una hipótesis con muchos puntos débiles. De todas formas, parece que lo que se sostiene es la existencia de un idioma ancestral común del cual derivarían genéticamente multitud de lenguas actuales de Europa, Asia y África. Creo que el asunto del préstamo de vocablos queda fuera de la línea principal de esta hipótesis, si bien no la deja de lado totalmente.
    Aún así, la propia línea principal de investigación del nostrático ha recibido numerosas críticas por su metodología poco elaborada (obtención de cognados, o palabras de diferentes lenguas relacionadas, mediante un método comparativo irrestricto) y susceptible de obtener resultados aparentemente significativos y que son fruto del azar.

  4. Lo del nostrático tiene su gracia, yo incluso lo metí en una novela. Hasta las reconstrucciones del indoeuropeo tienen su chiste, aunque aparte de raíces y algo más, poco se sabe.

    Había otro lingüista que decía que la primera palabra era “tik”, y que significaba el dedo índice, aunque no me acuerdo cómo lo justificaba.

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