Qué es una mala novela y por qué

Desde que abrí tanto este blog como su cuenta en Youtube años ha, he venido leyendo comentarios de índole diversa (agresivos, insultantes, comprensivos, etc.) a mis opiniones literarias. Los dos primeros adjetivos entre paréntesis los aplico a comentarios provenientes, exclusivamente, de malos lectores; es decir, de lectores que no atienden a razones y se sienten ofendidos cuando se les dice que cierta narrativa no atesora calidad alguna. Pues el mal lector no es tanto quien no distingue las obras buenas de las malas cuanto quien se muestra incapaz a la hora de entender explicaciones y ejemplos. Dicha incapacidad para el entendimiento viene más bien de la falta de formación en teoría literaria y filología, toda vez que el gusto mero es educable y modificable mediante instrumentos apropiados, máxime a través de una disposición adecuada al estudio y a lo abstracto.

La falsa división del saber entre ciencias y letras ha llevado a que la objetividad caiga del lado de las primeras y la subjetividad del lado de las segundas. Las matemáticas y la física son lo que son, mas en literatura todo es opinable. O eso se oye por ahí. Yo no lo he dicho ni creído nunca. Es más: se puede razonar y argumentar de modo claro y preciso por qué un libro es objetivamente malo y no contribuye en absoluto a la instrucción de nadie.

Vayamos al grano: ¿Qué es mala literatura? Fácil: mala literatura es aquélla que está mal escrita. Ahora bien: ¿Qué significa “mal escrita”? ¿Cómo lo defines? Hay varias maneras de enfocar la cuestión. Una manera muy distinta, a mi juicio, es mediante la siguiente división cuádruple:

1. Mal escrita gramaticalmente. La lectura se dificulta por motivos estrictamente gramaticales: períodos enteros resultan del todo incomprensibles, o no se entienden parcialmente porque hay algo que está diáfanamente mal. Quien entra en esta categoría toca fondo y debería dedicarse a otra cosa por el bien de la humanidad, a menos que se haga millonario. Novelas ejemplares: la, por desgracia, inolvidable La sombra del viento de Zafón y La Profecía del Laurel, de Jesús Ávila Granados. Cabe añadir que la presencia de errores gramaticales indica dejadez por parte del editor e impericia profesional por parte del corrector, suponiendo que se haya pagado a alguien para que desempeñe la labor. Muchas editoriales se saltan tal paso para ahorrarse dinero.

2. Mal escrita descriptivamente. No se entienden las descripciones. Las metáforas son erróneas. Novelas ejemplares: las dos antedichas y Pasión india, de Javier Moro.

3. Mal escrita narrativamente. Toda novela es un monstruo de Frankenstein que deviene paulatinamente autónomo y cuyo control el autor puede perder. Es más habitual de lo que parece y sucede en las mejores familias. Novelas ejemplares: La sombra del viento, La Profecía del Laurel, The Boy in the Striped Pajamas de Boyne (mal traducida como El niño con el pijama de rayas, ya que los pijamas son a rayas; otra muestra de dejadez editorial: no saben ni escribir un título correctamente) y, sin que sirva de precedente, Underworld de Don DeLillo, maestro de las letras peligrosamente postmoderno a quien le salió el tiro por la culata en esta ocasión.

4. Mal escrita ideológicamente. La palabra “ideología” no tiene necesariamente una mala acepción. Aquí significa “conjunto de ideas fundamentales que caracteriza determinado pensamiento”. Una narración está mal escrita ideológicamente cuando usa un lenguaje falaz, melifluo, amanerado, caduco, pomposo, edulcorado, presuntamente provocador, cursi, en general o con el propósito específico de adscribirse a una corriente, a un género o a un movimiento, estén históricamente cerrados o no (el simbolismo de William S. Burroughs está cerrado pero el postmodernismo de Cormac McCarthy está abierto). Novelas ejemplares: La sombra del viento otra vez; El Palacio de la Medianoche, también de Zafón; The Warlord Wants Forever, de Kresley Cole; The Boy in the Striped Pajamas, de Boyne. La obra nace muerta porque nace pasada de moda, engendrada accidentalmente, a pesar de la intención del autor, como caricatura de mal gusto, imagen distorsionada de lo que pudo haber sido, jamás fue y nunca será. Este tipo de ideología estética está íntimamente relacionada con lo que Theodor Adorno llamaba “desintegración de los materiales”: la característica del mal arte es el desgaste, la caducidad, la falta de actualidad.

Es evidente que las obras peores son las que caen en las cuatro categorías al mismo tiempo, como La sombra del viento. Sin embargo, para dar riqueza a la entrada tomaré todas las mencionadas a guisa de ejemplo. Procedo.

1. Análisis de mala escritura gramatical.

  • La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón (Planeta, tapa dura, 33ª edición, marzo de 2004).

“Un secreto vale lo que aquellos de quienes tenemos que guardarlo”. (Página 17.) ¿¿Cómo??

“El día de mi dieciséis cumpleaños [...]“. (Página 63.) Pues no. Es “decimosexto”.

“El interfecto me indicó que me acercase, como si quisiera susurrarme al oído”. (Página 303.) ¿El asesinado hacía indicaciones? ¡Milagro!

2. Análisis de mala escritura descriptiva.

  • La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón (ídem).

“Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados. Desgranaban los primeros días del verano de 1945 y caminábamos por las calles de una Barcelona atrapada bajo cielos de ceniza y un sol de vapor que se derramaba sobre la Rambla de Santa Mónica en una guirnalda de cobre líquido”. (Primer parágrafo.) Vamos a ver… Situémonos: amanece un “sol de vapor” (¿sol que riela en el horizonte?) en un “cielo de ceniza” (¿acaso nebuloso? ¿quizá muy gris? ¿plomizo?). Hasta aquí, confuso y manifiestamente difícil en verano en Barcelona, pero concedo que sea atmosféricamente posible. Ahora bien: ¿Está Zafón al tanto de que una guirnalda es una corona o tira tejida de flores y ramas, y de que cualquiera que haya paseado por la Rambla de Santa Mónica (o, de hecho, por cualquier otra parte del planeta) sabe que no hay manera alguna de que la metáfora del sol derramándose “en una guirnalda de cobre líquido” tenga el más mínimo sentido? En cambio, si lo que en realidad quiere decir es que el sol mismo es como una guirnalda de cobre líquido que se derrama sobre la Rambla, la estructura sintáctica de la frase es incorrecta y no transmite la idea. Añado que, por si fuera poco, tal fenómeno es imposible que se dé durante el amanecer, momento en el cual están (según se desprende de la presencia inequívoca de la palabra “amanecer” en la cuarta posición de la frase), en primer lugar porque el sol no brilla a suficiente altura, y en segundo lugar porque desde la Rambla de Santa Mónica no percibes el amanecer a menos que te sitúes más allá de ella, es decir, junto a la estatua de Colón en Atarazanas.

“Recorrí pasillos y galerías en espiral [...]“. (Página 11.) ¿Alguien se ha parado a pensar en cómo sería una galería en espiral de verdad? En virtud de la estructura sintáctica de la frase, ¿la descripción “en espiral” califica también al substantivo “pasillos”? Porque de ser así estamos hablando nada más y nada menos que de un tobogán.

  • La Profecía del Laurel, de Jesús Ávila Granados (Planeta, tapa dura, 2005).

“Aunque había comenzado la primavera y el disco solar, amarillo y rosa, ya asomaba por el horizonte montañoso, ni los pájaros se atrevían a trinar”. (Página 13.) ¿Perdón? ¿Amarillo y rosa al mismo tiempo? ¿Y qué pinta una cláusula adversativa aquí? ¿Significa el “ni” que hay algo más que deba trinar salvo los pájaros?

  • Pasión india, de Javier Moro (extracto que tengo en un compendio).

“La española asiente con la cabeza. Están invitadas a cenar en la mesa del capitán porque… ¡Es la última noche! A la joven le parece mentira”. A mí también me parece mentira que alguien haya podido pergeñar eso. ¿”Asiente con la cabeza”? ¿Con qué más va a asentir? ¿Con el culo? ¿Y lo de “¡Es la última noche!”, así, exclamación de adolescente histérica con bolso rosa de Hello Kitty? De los puntos suspensivos que pretenden indicar, justamente, suspense, ni hablo. Ridículos en extremo.

3. Análisis de mala escritura narrativa.

Para decirlo claramente, La sombra del viento, La Profecía del Laurel, The Boy in the Striped Pajamas y Underworld son pastelazos que no hay manera de leer. Son novelas pretenciosas que no llevan a ninguna parte y no presentan interés narrativo alguno. Aburren a las ovejas. Underworld, además, está estructuralmente desencajada, y La sombra del viento y The Boy in the Striped Pajamas son pornografía emocional pura.

El caso de Underworld es paradigmático. La crítica la recibió como obra maestra por un motivo muy interesado: DeLillo es ciertamente un escritor de nivel y es candidato perpetuo al Nobel. No obstante, algunos insinuaron tímidamente que la novela es demasiado larga (mil páginas). Quien trabaje en la industria editorial y sepa leer entre líneas entenderá el mensaje sin equívocos: en este contexto, “demasiado larga” significa que sobra la mitad de las páginas (quinientas) porque el conjunto está hinchado con la verborrea incontenible de DeLillo. Considérese como ejemplo que el prólogo de la novela, titulado “The Triumph of Death” (en referencia al cuadro de Brueghel), no es más que una novelita corta de 100 páginas originalmente titulada “Pafko at the Wall”, que terminó convertida en prólogo de Underworld porque el autor, sencillamente, no sabía qué coño hacer con ella. No tenía dónde meterla.

4. Análisis de mala escritura ideológica.

  • The Warlord Wants Forever, de Kresley Cole, diosa de la llamada “literatura romántica paranormal” (historias absurdas de sangre y sexo con vampiros de buen ver, valquirias buenorras y licántropos cachas).

“If the overgrown vampire didn’t stop staring at her face, even his wicked talent with his sword wouldn’t keep his head upon his shoulders”. (Primer parágrafo del primer capítulo. Lo podéis leer en la Amazon si pulsáis sobre los pectorales del notas ese.) Sin comentarios. ¿Para qué?

  • El Palacio de la Medianoche, de Carlos Ruiz Zafón (extracto que tengo en el mismo compendio donde está el texto de Javier Moro).

“Nunca podré olvidar la noche en que nevó sobre Calcuta”. Tópico trilladísimo. Al cabo de una página y media, como eco de sí mismo: “Nunca podré olvidar los rostros de aquellos muchachos asustados la noche en que nevó sobre Calcuta”. Frases hechas, rehechas, deshechas y contrahechas.

“Poco después de la medianoche, una barcaza emergió de la neblina nocturna que ascendía de la superficie del río Hooghly como el hedor de una maldición. A proa, bajo la tenue claridad que proyectaba un candil agonizante asido al mástil, [...]“. Aquí ya se prefigura lo que vendrá a lo largo de toda la novela y de toda la obra zafoniana en términos generales: la recreación lamentablemente naíf y recargada de la prosa gótica típica de la literatura inglesa, aderezada con influencias manifiestas de H.P. Lovecraft, Robert W. Chambers y otros autores. Me consta que Zafón escribe así a consciencia, no por casualidad. El conjunto no deja de ser la regurgitación y posterior mezcla, cansina, desangelada y en absoluto original, de una serie de lecturas de clásicos hechas durante media vida.

  • La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón (ídem).

“—Daniel, lo que vas a ver hoy no se lo puedes contar a nadie —advirtió mi padre—. Ni a tu amigo Tomás. A nadie.
—¿Ni siquiera a mamá? —inquirí yo, a media voz.
Mi padre suspiró, amparado en aquella sonrisa triste que le perseguía como una sombra por la vida.
—Claro que sí —respondió cabizbajo—. Con ella no tenemos secretos. A ella puedes contárselo todo”. (Página primera de la novela. En la línea siguiente se explica que la madre murió tras la Guerra Civil.) Imitación baratísima e insultantemente kitsch de temas postrománticos. La madre ha muerto, el chaval la echa en falta y el padre es una especie de espectro. ¿Nos ponemos a llorar todos? ¿Es un diálogo escrito para suscitar la empatía del lector? ¿En serio?

“Por espacio de casi media hora deambulé entre los entresijos de aquel laberinto que olía a papel viejo, a polvo y a magia. [...] Atisbé, entre los títulos desdibujados por el tiempo, palabras en lenguas que reconocía y decenas de otras que era incapaz de catalogar”. (Página 11.) Esta parte provocaría hilaridad si no provocase perplejidad. Primero, por el tono pomposo y hortera del conjunto. Segundo, ¿”por espacio de casi media hora”? ¿Espacio y tiempo juntos? En todo caso, “durante casi media hora”. ¿”Entre los entresijos”? ¿Se supone que eso hace gracia? ¿Que es un recurso iterativo tomado del modernismo, similar a los de Joyce en Ulises? ¿”Catalogar” lenguas? ¿Acaso el crío es lingüista? ¿No se apercibe Zafón de que toda esa frase es una payasada, como asimismo el resto del libro?

  • The Boy in the Striped Pajamas, de John Boyne (Black Swan, PDF, 2006).

“Bruno raised an eyebrow, unable to understand the sense of all this, but he assumed that it had something to do with keeping the rain out and stopping people from catching colds”. (Casi al final del libro.) En efecto, la inocencia y pureza infantil del hijo de un nazi es tal que confunde una cámara de gas con un cobertizo para que prisioneros esqueléticos con números tatuados en las muñecas no se resfríen.

“And then the room went very dark and somehow, despite the chaos that followed, Bruno found that he was still holding Shmuel’s hand in his own and nothing in the world would have persuaded him to let it go”. (Parágrafo siguiente.) Lo dicho: pornografía emocional. Todo el libro es así, compuesto mediante una prosa cansina que apela constantemente a los sentimientos.

Lo dejo aquí. Como siempre, borraré los comentarios insultantes en caso de que algún descerebrado los deje. Os emplazo en la entrada del próximo lunes, titulada “Qué es una buena novela y por qué”, y cierro con tres vídeos que grabé en mi casa hace tiempo y que la mayoría de vosotros ya habrá visto: uno acerca de La sombra del viento, los otros dos acerca del texto original de La Profecía del Laurel antes de que Planeta maquillara el desastre.

Nuestro vídeo contra Zafón en TVE

Me comunica Félix Pérez-Hita, responsable del blog vudutv, que mañana viernes y pasado mañana sábado (en repetición) se emitirá en La 2 su documental acerca de archivos y bibliotecas. Para mi sorpresa, le ha añadido imágenes del vídeo que grabé con unos amigos a la zafón, digo, a la sazón. Precisa que se trata de un capítulo de Soy cámara, el programa del CCCB (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona).

No puedo dar más datos desde Singapur. Confío en que quién quiera verlo sabrá pillarlo en la rejilla de La 2.

El Proyecto Seléucida en el MACBA

Hala, ahí va eso. Un tal Félix Pérez-Hita ha montado la sección “Vídeos y programas que no pasan por el tubo” en la exposición ¿Estáis listos para la televisión? del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, que estará abierta del 5 de noviembre de 2010 al 25 de abril de 2011. Me pidió permiso para proyectar el vídeo dedicado a Zafón que tengo en Youtube. Cómo no, se lo di.

Quién iba a decir que terminaríamos fosilizándonos en el arte museístico como un Velázquez cualquiera. Ya no hay más allá. Cuando entras, no sales.

Exprimiendo La profecía del laurel, de Jesús Ávila Granados

Que sí, que me repito más que el ajo (cosa que nunca hacía Drácula), pero este libro es inagotable. Parece mentira que un ser humano haya podido pergeñar algo hasta tal punto ilegible. Quien quiera ver el segundo vídeo que grabé con unos amigos y La profecía del laurel como guía, lo encontrará en mi canal de Youtube.

Pero a lo que iba. Un amigo hizo limpieza en su casa y apareció un ejemplar de este horror dedicado a los cátaros. Me lo quedé, y si tuviera caja fuerte lo metería dentro. Su valor infraliterario es incalculable. Ahí van tres joyas halladas al azar:

“Aunque había comenzado la primavera y el disco solar, amarillo y rosa, ya asomaba por el horizonte montañoso, ni los pájaros se atrevían a trinar.” [Página 13.]

Normal que no trinen. Cualquiera se acojonaría si el sol fuera amarillo y rosa al mismo tiempo.

“Cuando la silueta del castillo se tornaba cada vez más difusa, tomé el sendero que discurría paralelo al profundo cauce del río, donde abundaban las grutas prehistóricas.” [Página 31.]

La narración es en primera persona hace unos 800 años, y el protagonista ya usa la noción de prehistoria, inexistente a la sazón. Maravilloso.

“[...] aprovechad para leer algunos de los numerosos volúmenes del estante; son verdaderamente fascinantes. Veréis incunables procedentes del scriptorium de Ripoll, en Catalunya [...].” [Página 38.]

Otro tío que sufre una conexión mental con el futuro à la Flashforward y usa un concepto inexistente en la época cátara, a saber, el de libro incunable. Que escriban ‘Catalunya’ en catalán en un texto en español ya no me sorprende.

Casos prácticos de Harvard aplicados al sector editorial

Un amigo que hizo un MBA en los Estados Unidos me pasó el esquema, o uno de los esquemas, de los famosos “Casos prácticos de Harvard”. La cosa va tal que así:

1. Identificación del problema.
2. Análisis de contexto, compañía, clientes, competencia y colaboradores.
3. Alternativas posibles.
4. Recomendación escogida.
5. Cómo implementar la misma.

Después de echarle un ojo, se me ocurrió que se podría tomar un caso práctico hiperrealista del mundo editorial:

1. Identificación del problema: X es un escritor/una editorial lamentable.
2. Análisis de contexto, compañía, clientes, competencia y colaboradores: el 50% de los españoles no lee, el escritor/la editorial vive de vender basura (si estuviera en Bolsa, vendería bonos basura), el nivel de exigencia de sus clientes es ínfimo, hay competencia pero da igual porque sobran lectores para el nicho de mercado en cuestión, y sus colaboradores hacen todo lo posible por mantener el sistema inyectándole masivamente más de lo mismo.
3. Alternativas posibles: unirse a ellos (es broma), exiliarse a Júpiter (tecnológicamente inviable por el momento), sobrevivir con la dignidad que la vida te permita.
4. Recomendación escogida: la gilipollez de la dignidad.
5. Cómo implementar la misma: creando un blog.

Es evidente que no me darían un MBA por esto, aunque me parezca de lo más coherente.

Padre, no los perdones porque saben lo que hacen

Vi esta frase en el anuncio de un programa de TV3 hace tiempo. Me la agencio para el título porque me mola.

Cuando uno va dando vueltas proponiendo cierto tipo de literatura a determinados editores, se lleva respuestas de lo más pintorescas. Una muy simpática es que “esto es demasiado literario para lo que hacemos”. Luego, para que no pienses que son unos analfabetos, te comentan casualmente que están leyendo a un autor finlandés/maltés/vietnamita que es la leche en monopatín, o te largan, siempre en privado y con una sonrisa cómplice, su currículo (“publiqué eso y aquello cuando tenía las manos libres en tal y cual”) para que veas que estás en presencia de alguien que aprecia las exquisiteces, pero que sólo es el editor contratado, no el propietario capitalista. Y por lo tanto, si quien pone el dinero dice que hay que publicar basura, se publicará basura y punto. No es que me queje, porque por cierta cifra anual supongo que yo haría lo mismo, pero no deja de ser digno de análisis que individuos muy bien preparados terminen haciendo lo que hacen. Personalmente lo considero un índice del fracaso cultural de un país.

Lo escrito me trae a la memoria la respuesta que Emilio Rosales, actual editor de Destino y a la zafón… a la sazón editor de no sé qué colección de Planeta, le dio a un amigo mío que estaba corrigiendo La profecía del Laurel, mamotreto peligrosamente alucinógeno acerca de cátaros ejecutado (nunca mejor dicho) por Jesús Ávila Granados. Mi colega se le quejó de que la novela era ilegible en todos los sentidos, especialmente por lo que se refiere a la ilación del relato. La respuesta profesional fue: “A menos que salgan Margaret Thatcher o un dinosaurio, el libro se queda como está”. Y soy testigo de que se quedó como estaba. Bienvenido al mundo real.

Ah, se me olvidaba. Lo mejor de todo es cuando te topas con un director literario que no sólo no tiene las manos libres sino que ni siquiera decide lo que se publica porque debe someterlo a la consideración del propietario de la editorial, quien, a veces, por no leer no lee ni la previsión del tiempo en el periódico. Y yo que me pregunto en mi inocencia: ¿Y para qué le pagas tanto a alguien que, a la postre, no va a resolver nada?