“That means nothing in English”

Eso me dijo el propietario de Monsoon Books, un inglés afincado en Singapur, cuando fuimos a almorzar y le hice notar el nombre de uno de los tenderetes del food centre de Fusionopolis:

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Puntualizó que en inglés se dice Economy rice. Ahí tenéis un ejemplo de Singlish, el inglés de las clases bajas de Singapur.

En otro orden de cosas, pedí sopa de huevo con ternera picada y arroz. Me dieron la sopa aparte (???) y el huevo estaba más bien mezclado con crema de soja, algo que no me gusta. 4$ en total:

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De paseo por el barrio árabe de Singapur

Durante el desarrollo de Singapur como centro mercantil internacional bajo el Imperio Británico llegaron gentes de todas partes. Los árabes no podían faltar, y por lo que sé procedían en gran medida del Yemen.

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[No recuerdo en qué calle tomé esta foto, pero da lo mismo. El barrio es más bien pequeño. Viene a ser un rectángulo de 300x400 metros.]

El Arab Quarter está lleno de tiendas de alfombras persas y de restaurantes de todo tipo, no sólo musulmanes, mas en éstos no se sirve alcohol. Sin embargo, se fuma en narguile e incluso hay sofás para tumbarse hasta las 4 de la madrugada viendo partidos de la Premier League en directo.

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[De noche presenta un encanto especial. Justo al final de esta calle desembocas en Kandahar Street, donde un amigo austríaco tiene su restaurante junto al Malay Heritage Centre, museo que aún no he visitado.]

También se puede disfrutar de la variedad de tés, desde el teh tarik malayo hasta el masala tea indio, deliciosamente picante, y en ciertos días hay tenderetes de comida malaya para chuparte los dedos.

En Kandahar Street el cartel de un restaurante me hizo mucha gracia:

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[Viking Style Fried Banana Fritters. Lo que tomaban los viquingos, como todo el mundo sabe.]

En el siguiente restaurante se anuncian pintando la pared directamente:

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Eso es todo de momento. Visita más que recomendable.

Reseña breve de Las doce sillas, de Ilf y Petrov

Os voy a contar un chiste.

Esto es un barcelonés que compra libros. Al cabo de casi trece años, se da cuenta de que no los ha leído.

No, no era un chiste. De hecho, la solapa conserva la etiqueta pegada: “La Central, 08/07/2000, 3.800 pts/22,84 €”. Aún te cobraban en cifras como 22,84€.

A lo que iba. Ilf y Petrov, o lo que es lo mismo, Iliá Arnóldovich Fáinzilberg (1897-1937) y Yevgueni Petróvich Katáyev (1903-1942), nacieron en Odesa y se dedicaron tanto al periodismo como a la novela satírica. No he leído que sufrieran bajo el estalinismo, por lo que deduzco que tuvieron más suerte que otros de sus colegas.

La trama de Las doce sillas (Acantilado) gira alrededor de tres estafadores que quieren hacerse con las joyas que una aristócrata rusa ocultó en una de las sillas que dan título al libro para que no cayeran en manos de los bolcheviques. Supongo que en ruso y en su momento (1928) sería la leche, pero para mi gusto la obra ha envejecido lo justo para que se quede en divertida, no muy divertida. Además, hay cosas que no sé cómo cogerlas: ¿son errores de traducción de Helena-Diana Moradell? Por ejemplo, en la página 168 leemos:

“El rostro de Gavrilin se parecía a un nabo bien cepillado. Sus ojos estaban llenos de malicia.”

Lo de cepillar un nabo no lo pillo, y desde luego la segunda frase está mal porque en español lo correcto sería “tenía los ojos llenos de malicia” u otra fórmula parecida que evitase el uso impropio de pronombres posesivos. De todos modos, el texto fluye bien a grandes rasgos.

Reconozco que veía venir, hasta cierto punto, el final, no en los detalles sino en las líneas más generales. No obstante, ciertos giros argumentales me han sorprendido gratamente, toda vez que me temía que los autores hubieran caído en convencionalismos. Concluyo: recomendable.

Recomendaciones para emigrar al sudeste asiático

No sé si una entrada como ésta ayudará a alguien, pero menos da una piedra.

Hay muchísima gente moviéndose por todos lados debido a la crisis mundial. Sin ir más lejos, la estampida de españoles y griegos que desean buscar fortuna fuera de sus países es de sobras conocida. Juzgo, sin embargo, que muchos enfocan mal la emigración al percibirla como una tortura en lugar de entenderla como una ventaja: te vas para aprender cosas que jamás aprenderías si te quedaras en casa. La mejor manera de ponerte a prueba y ver dónde están tus propios límites es experimentando por ahí fuera con una combinación de arrojo y humildad, dos ingredientes que no sacamos a la luz de modo simultáneo tan frecuentemente como deberíamos. Y tirar de ellos es muy sano, dado que descubres cosas que ignorabas de ti mismo.

Los que me seguís por aquí o en Twitter o Facebook ya me conocéis: viví en Grecia, regresé a Barcelona para doctorarme y volví a irme para trabajar dos años en Singapur, donde me trasladaré definitivamente la semana próxima para casarme en junio. Años ha, intenté abrirme camino creando mi agencia literaria en Barcelona y no funcionó. No pasa nada. Se aprende más de los fracasos que de las victorias. Al mismo tiempo intenté crear una editorial en Londres con un socio pero la crisis lo jodió todo y abortamos el proyecto cuando ya estábamos, de hecho, de visita en el business centre donde íbamos a domiciliarla. Otra derrota. Asúmela y tira adelante. Renaces de tus cenizas con ideas nuevas. Si nada falla esta vez, crearé mi empresa en Singapur el año próximo en el sector educativo.

Estar en Singapur es como estar en Hong Kong o Nueva York: es un centro mundial de los intangibles (especialmente financieros y educativos), un punto de referencia donde se mueven ideas y dinero. Todo está en ebullición constante. No tienen nada que ver con ciudades dormidas como Tesalónica, Atenas o Barcelona, donde los estímulos son mínimos y la burocracia es cargante. Centrándome específicamente en Singapur, tengo que decir que estar en esa red de información te permite mantenerte al día de todo y viajar a países que, aunque atrasados, suben con mayor o menor rapidez. Dichos países (como los tres que he visitado: Tailandia, Malasia e Indonesia) son perfectos para que se busque la vida quien quiera irse no ya de España sino de Europa. No obstante, no es tan fácil dar el salto. Para empezar, los billetes de avión ya cuestan un pastón. Y hay muchas más cosas a tener en consideración, naturalmente. Ahí van mis consejos generales:

  1. Aunque teóricamente puedas encontrar trabajo a través de páginas como Jobs DB, en la práctica es casi imposible a menos que ya estés personalmente allí. La distancia física aún cuenta mucho.
  2. Ahorra. Tendrás que pagarte un billete de avión si no tienes la rara fortuna (como me pasó a mí) de que te contraten a distancia y te paguen el billete. Además, tendrás que pagarte un hotel durante cierto tiempo, salvo que conozcas a alguien que te aloje por la cara.
  3. No sólo tienes que saber inglés sino que conviene que llegues a tu destino siendo capaz de leer y escribir mínimamente en la lengua dominante del país, sea cual sea. Al fin y al cabo, no vas de turista sino para encontrar trabajo o generarlo tú mismo al crear una empresa. En el sudeste asiático muchas lenguas son tonales y especialmente difíciles para nosotros (tailandés, cantonés, etc.). Es más que aconsejable pagarse un curso de vietnamita antes de trasladarse a Vietnam o de birmano antes de trasladarse a Birmania, por poner sólo dos ejemplos.
  4. Infórmate de qué vacunas necesitas en la página del MAEC y visita la embajada o el consulado del país en cuestión antes de trasladarte. Nunca es una pérdida de tiempo y quizá tengan bolsa de trabajo, por no decir que, ya de entrada, puede ser que necesites traducción jurada de ciertos documentos con el sello correspondiente del cónsul o embajador. Yo mismo, para casarme en junio, he tenido que ir hace poco al Registro Civil a pedir dos papeles, llevarlos a un traductor jurado y luego al Cónsul de Singapur en Barcelona para que los selle.
  5. Prepárate para que se te trate mejor o peor según el caso: mejor si te topas con alguien que admira a los occidentales, especialmente a los blancos (muchos asiáticos tienen aún tal mentalidad); peor si te topas con alguien que desconfía de los extranjeros, especialmente de los blancos percibidos como “colonialistas”.

Y ahora los consejos particulares por país de interés (consúltese el Índice de la Heritage para más datos):

  • Singapur. (Idioma: inglés, oficial. Si además hablas mandarín, malayo o tamil, perfecto.) Comienzo con la ciudad-Estado porque es lo que conozco mejor. Es la perla de la zona: nivel de vida alto y corrupción baja. Sin embargo, está subiendo la xenofobia porque el 40% de la población es extranjera. El gobierno no está combatiendo demasiado bien tal fenómeno, de modo que ahora mismo es difícil entrar en Singapur, y lo seguirá siendo. A mi parecer, el país ha tocado techo y sólo le queda mantenerse porque con esa mentalidad no va a avanzar mucho más. Así, no recomiendo pensar en Singapur a menos que uno sea millonario (te abren las puertas inmediatamente) o tenga un capital ahorrado (digamos que 30.000€) y un plan de negocio bien escrito para presentarlo a las autoridades. Si te lo aprueban, te dejan entrar para que lo pongas en marcha.
  • Bangladesh. (Idiomas: inglés, pero a la larga necesitarás dominar el bengalí si no quieres vivir en una burbuja.) Promete mas la violencia y la corrupción no le permiten despegar. Hay una clase media urbana y bilingüe que practica un islam muy moderado y muy crítico con el islam del resto de la población, más fanatizada y monolingüe en bengalí. El recuerdo de los muertos durante el proceso de independencia de Paquistán de 1971 está muy vivo.

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[Gato tailandés. El otro es un amigo y ex colega bengalí.]

  • Birmania. (Idioma: birmano.) Está en transición de una junta comunista a un régimen más abierto. Por lo que me llega en Singapur, todos los que están bien informados están entrando en el país para ocupar las primeras posiciones y los primeros segmentos de mercado que se vayan abriendo: escuelas internacionales, telecomunicaciones, academias privadas de lenguas extranjeras, etc. Todo lo imaginable en un suelo virgen por explotar. Si yo tuviera 15 años menos, no me lo pensaría.
  • Brunéi. (Idiomas: inglés, pero a la larga conviene dominar el malayo.) País muy rico y muy musulmán. Creo que no hay alcohol ni siquiera para los extranjeros y que todo está muy ordenado y muy limpio. La moneda está ligada al dólar singapurense: puedes pagar en un país con la del otro país. Si no buscas fiesta y todo lo que te interesa es trabajar y ganar dinero, me parece que es un buen sitio a pesar de la corrupción. Nadie te va a tocar las narices en exceso.
  • Camboya. (Idioma: camboyano, también llamado jemer.) Ha dejado atrás el horror comunista de los 70 y va avanzando a su ritmo. Si uno está dispuesto a pagar el precio de lidiar con la corrupción y la burocracia a cambio de empezar una vida nueva en un país que promete, que no se lo piense.
  • Filipinas. (Idiomas: inglés, pero a la larga conviene dominar el filipino, que es una estandarización filológica del tagalo. Si estás en la Provincia de Cebú y hablas cebuano, mejor. El español no lo habla nadie, pero se dice que planean modificar la enseñanza pública para que sea trilingüe en filipino, inglés y español.) La burocracia es muy pesada. Abundan la corrupción y la delincuencia callejera (carteristas, etc.). De todos los países aquí listados es el que tiene el índice de desempleo más elevado: 7%.
  • Indonesia. (Idioma: indonesio, que de hecho es malayo digan lo que digan los nacionalistas. Si estás en Java y hablas javanés, mejor.) Suciedad callejera y corrupción institucional son los fenómenos dominantes. En términos generales y aunque parezca lo contrario por las noticias que nos llegan a España, en las grandes ciudades quien no sea musulmán no tendrá problemas a menos que se los busque intencionadamente. Hay casos de violencia contra minorías religiosas en zonas rurales pero no son tan frecuentes como quepa pensar. Indonesia no es Afganistán. Si a alguien le interesa, una contacto de Twitter (@MarinaRVG) me remitió a esta página.

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[Fotografía que tomé en el campus de Yakarta de la Universitas Indonesia. Inmenso. También viajé en tren y tomé un vídeo breve de los músicos callejeros que suben a tocar. Tienen una marcha que dejan en ridículo cualquier cosa que veáis en el metro de Barcelona o Madrid. Lo colgué en Youtube.]

  • Laos. (Idioma: laosiano.) Está mejor que Birmania pero peor que Camboya.
  • Malasia. (Idiomas: inglés, pero conviene dominar el malayo. Si además hablas mandarín, cantonés, tamil o iban, perfecto.) Malasia ocupa un lugar intermedio en la zona justo por detrás de Singapur: si, por decirlo así, Singapur equivale a Londres o Hong Kong, Malasia equivale a Croacia. Es decir, va bien pero es una pena que no vaya mejor.
  • Tailandia. (Idioma: tailandés.) Si Tailandia mejorase estaría al nivel de Malasia. La corrupción y el exceso de burocracia son frenos más que evidentes.

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[Burdel con karaoke en la isla de Phuket. De noche es un escándalo. Lo sé porque pasé por delante otra vez, no porque entrara.]

  • Vietnam. (Idioma: vietnamita. Diría que el francés como lengua de las clases medias y altas se ha perdido.) Lo dicho para Laos vale más o menos para Vietnam.

Para terminar, os recuerdo que la virginidad de un país, y por consiguiente las posibilidades de hacerse con un segmento de mercado si uno va a la aventura, se miden según la “Escala IKEA”: si no hay una tienda IKEA significa que hay mucho campo para correr, pues el jefe de tienda de IKEA Badalona me dijo hace 13 años que la empresa nunca abre sucursales en lugares “inseguros”. Así, de los países antes mencionados, no hay IKEA en Indonesia, Filipinas, Brunéi, Vietnam, Laos, Camboya ni Birmania, como se ve en esta página. Con todo, me extraña que consideren que Brunéi es inseguro y que de los Estados Unidos hacia abajo sólo haya una tienda y que esté en la República Dominicana.